El desbalance entre el
nivel de producción y la cantidad de dinero en la economía puede alcanzar tal
proporción que desencadena procesos hiperinflacionarios. Las personas ajustan
sus expectativas y comportamientos ante el incremento de los precios. Gastan su
dinero lo antes posible para adelantarse a los aumentos. Cuando es una conducta
generaliza, el dinero circula más rápido y agrava el proceso inflacionario. Se
genera un círculo vicioso: los precios altos alimentan expectativas de precios
más altos, y en consecuencia, se elevan los precios.
El ciclo se retroalimenta
en un proceso que destruye el valor de la moneda. Es decir que las mismas
personas alimentan la hiperinflación llevándola al aumento descontrolado de
productos y también hace que las personas gasten todo su dinero lo antes
posible en bienes que tengan valor o que necesiten para llevar una vida normal.
Los ahorros ya no existen y si lo llevamos a cabo nuestro dinero simplemente
perderá valor y con el pasar de incluso las semanas no podremos comprar el
producto para el cual estábamos ahorrando.
El Banco Central de
Venezuela crea dinero para financiar a las empresas públicas. Estas compañías
transfieren los recursos al Gobierno para que cubra sus gastos. Personas y
empresas disponen de más bolívares gracias a esa inyección, pero los bienes
ofertados disminuyen por la caída de las importaciones y los controles de
precios que impiden cubrir los costos de producción. Esta dinámica aviva la
inflación. Desde septiembre de 2016 hasta septiembre de 2017, la emisión de
dinero del Banco Central subió 736%, principalmente por los préstamos a
Petróleos de Venezuela. La liquidez subió 483% el último año.
La recaudación de impuestos baja porque las empresas venden y ganan
menos debido a la recesión que comenzó en 2014. Para cubrir el impacto de la
inflación en la recaudación tributaria, las autoridades recurren al dinero
creado por el Banco Central de Venezuela. Esa inyección de bolívares impulsa el
aumento de los precios. La situación fiscal se ha deteriorado por el descenso de los precios del
petróleo desde su pico en 2013 y la disminución de la producción petrolera, que
ha caído 600.000 barriles diarios desde 2015, según información de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo.
El recorte drástico de las importaciones tras la
caída en 2014 de los precios del petróleo, principal fuente de ingreso de
Venezuela, trae como consecuencia que hayan menos bienes provenientes del exterior y las empresas trabajan a
media máquina por la falta de materia prima e insumos. El descenso en la oferta
coincide con la inyección de dinero del Banco Central y estimula la inflación.
A diferencia del resto de los países petroleros, Venezuela no ahorró durante
los tiempos de los altos precios del barril, se endeudó e invirtió en proyectos
que no generaban ingresos en divisas. Sus recursos para afrontar la crisis son limitados.
El gobierno mantenía un tipo de
cambio protegido de 10 bolívares por dólar para subsidiar la importación de
alimentos y medicinas. La falta de acceso a monedas extranjeras a tasas
preferenciales fomenta la existencia de un mercado paralelo. Cuando una parte
de los bolívares que ingresa a la economía se destina a la compra de divisas,
sube el tipo de cambio en el mercado paralelo que se utiliza como referencia
para fijar los precios de productos y servicios. Las divisas de este mercado financian hoy la mitad de las
importaciones privadas.
Los procesos
hiperinflacionarios se alimentan también de la desconfianza en las
instituciones económicas. Si los actores creen que el Banco Central seguirá
financiando el gasto público, o si el gasto público aumenta sin que los actores
económicos tengan claridad en cuánto o de dónde saldrá el dinero para financiar
este gasto, las expectativas afectarán negativamente el proceso de formación de
precios. Lo que más es preocupante de la
hiperinflación es que los ciudadanos pierden cada vez más y más su calidad de
vida es decir la pobreza aumenta, como no se puede saber a qué precio van a
subir los bienes el dinero de ingreso de las personas quedan por debajo de lo
que es debido esto hace que no puedan comprar productos necesarios para llevar
su vida cotidiana, las cantidades demandadas de bienes y servicios disminuyen
mientras que los costos crecen.
El impacto es desigual, tanto para las
empresas como para las personas, debido a las diferencias en el acceso al
crédito y a los activos en divisas. Aumenta el incumplimiento de contratos
porque no pueden mantenerse los precios y los costos de transacción. Los precios transmiten información sobre la escasez relativa de
los bienes y guían la asignación de recursos productivos en una economía. La
hiperinflación destruye la calidad de información que ofrecen los precios y
genera ineficiencias en la asignación de recursos, lo cual compromete la
viabilidad de las empresas y afecta la creación de empleo.
Las empresas
empiezan a sufrir problemas con el flujo de caja porque la contracción en la
demanda afecta el ritmo de aumento de los precios, mientras los costos se
incrementan. Reaparecen viejos métodos de intercambio, como el trueque, y se
tiende a exigir el pago de ciertos servicios en divisas, en lugar de la moneda
afectada por la hiperinflación. Solamente 2 países en el siglo XXl han sufrido
la hiperinflación y un claro ejemplo de las medidas que se deben tomar son las
siguientes. En Zimbabue la inflación
llegó a 54% en 2000. Cinco años después los precios crecieron a una tasa
de 585,4% anual. En 2006 la inflación escaló a 1.281%. Dos años más tarde, la
cifra oficial era de 231.000.000.000% (doscientos treinta y un mil millones por
ciento anual).
El Banco Central dejó de publicar el índice el año siguiente. El
expresidente Robert Mugabe acusó a los comerciantes del incremento de los
precios, ordenó perseguirlos y llevó a prisión a varios. Como la medida no
frenaba la crisis, prohibió la inflación. Decretó que los precios debían bajar 50%.
Los consumidores compraron todos los alimentos y electrodomésticos en pocos
días. Forzado por la situación, Mugabe aceptó la ayuda del Fondo Monetario
Internacional. Entró en vigencia el uso de moneda extranjera, se liberaron los
precios y cesó la persecución contra comerciantes y hacendados. La
hiperinflación se detuvo.
Según la doctrina es necesario que se haga lo siguiente:
1. Aumento de tasas de
interés con la intención de crear tasas de intereses reales positivas y
recuperar la función de reserva de valor de la moneda.
2. Restauración de la convertibilidad monetaria y la estabilidad del tipo
de cambio en el marco de un proceso de generación de confianza en la
moneda.
3. Austeridad fiscal en
función del balance presupuestario que disminuya o elimine la necesidad de
financiamiento del déficit fiscal por parte de los bancos centrales.
4. Recuperación de la autonomía del Banco
Central.
5. Asistencia internacional
que implica recuperación de acceso a los mercados financieros internacionales.



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