Tres visiones sobre Democracia
“Un pueblo democrático
es capaz de soportarlo todo, menos la desigualdad”
Introducción
Baruch Spinoza (1632-1677), holandés sucesor de las ideas de Hobbe,
pensaba en Estado en pequeño, cuyas ideas eran aplicadas a países como Holanda;
aboga por el derecho natural igualitario de todos los hombres, incluidos los
más débiles. Jean-Jacques Rousseau
(1712-1778) cuestiona el derecho natural como fundamento de las leyes
existentes y se pronuncia por una tesis convencionalista, según la cual el
orden social es un derecho que sirve de base a todos los demás y que no
proviene en modo alguno de la naturaleza, sino que se encuentra fundamentado en
las convenciones.
Ambos filósofos, a pesar de sus marcadas diferencias, tienen en común la
forma política en la cual se desarrollan sus teorías: la democracia. Con
Alexis, vizconde de Tocqueville (1805-1859) estas teorías son contrastadas con
la realidad, bajo las premisas sobre la soberanía del pueblo como requisito
indispensable de la democracia, la cual debe
asentarse sobre la igualdad de condiciones, y todos los ciudadanos serán
reconocidos institucionalmente como iguales, para mantener la libertad.
Spinoza
De acuerdo a Misari
(2013), bajo el pensamiento spinoziano, los hombres en plena libertad deciden
la creación del Estado a los fines de alcanzar un bienestar mayor. No se trata de suprimir el derecho natural de
los hombres, sino por el contrario a partir de ese derecho se construye un
derecho político común. De esta manera una de las condiciones de permanencia
del Estado, es la libertad individual, y la política que de este derive, no
priva a los hombres de su verdadera naturaleza, ni les exige ningún sacrificio
en contra de ella ya que para Spinoza la libertad es ser quien se es y no otra
cosa.
El Estado bajo esta concepción debe crear las bases para que el hombre
obre bien y para que esto ocurra deben primeramente pensar bien. Este camino
casi ideal, se ve entorpecido por las pasiones de los hombres, entiéndase un
ejemplo de ellos el deseo o la envidia, que le impide alcanzar la armonía y
felicidad. En este sentido es mediante el determinismo de la razón y del
pensamiento que se dominan las pasiones y el alma del hombre consigue el conocimiento
de Dios.
Para Spinoza, entonces, el hombre transfiere a la colectividad sus
derechos libremente, garantizando con esto la igualdad de derechos naturales
con el fin de “vivir seguros y lo mejor posible”. Esta asociación general de
todos los hombres es lo que el autor denomino Democracia; una democracia
absoluta que requiere de los hombres obediencia total. El Estado tiene el deber
de educar a los hombres para hacer posible que tengan un comportamiento
racional.
Mucho se trata el tema de la contradicción entre esta coacción y la
libertad absoluta; sin embargo, para Spinoza, este dilema se resuelve al
señalar que no se trata de una obediencia bajo coacción, sino el consentimiento
de los hombres de someterse a una poder que se encuentra en manos de todos y
que actúa en el marco de leyes que son sancionadas en consenso general. La
sociedad política es un instrumento y la democracia es un simple medio, aunque
el mejor, para garantizar la libertad personal y para crear el marco de
seguridad necesario para alcanzar la plenitud.
Los objetivos que persiguen los hombres sean de índole individual, se
alcanzarán más fácilmente si cuentan con el respaldo, la comprensión y la
complicidad de los otros pues “nada es más útil al hombre que el propio
hombre”. La necesidad del estado surge precisamente de la incapacidad del
individuo para alcanzar de manera aislada la “liberación ética”. Constituye el
marco que permite trascender la irracionalidad (la “alineación generalizada”
que impide el logro de la virtud) y establecer unas relaciones armónicas con
los demás que no coarten nuestra potencia de obrar.
Rousseau
Rousseau se propone examinar el acto por el cual el pueblo se hace a sí
mismo convirtiéndose en sujeto colectivo, mediante un nuevo pacto social.
Atribuye a la nueva asociación la capacidad de
integrar a los ciudadanos, constituyendo "el cuerpo social”. El pacto
social se reduce a que cada uno pone en común su persona y todo su poder bajo
la suprema dirección de la voluntad general y se recibe corporativamente a cada
miembro como parte indivisible e inalienable del todo. (Villaverde, 2002)
La institución de un pueblo, la refundación de la
sociedad, requiere "cambiar la naturaleza humana", transformar a cada individuo, en parte
de un todo mayor, de tal manera que cada particular no se crea un entero, sino
una parte de esa unidad. Existe una
íntima articulación entre la libertad como condición humana esencial e
irrenunciable y la legitimidad democrática.
Para Rousseau la democracia es la única forma de estado posible; como
valor supremo merece dar la vida por ella. Contrasta con la visión
individualista de Spinoza, esta perspectiva social en la que el individuo se
subordina al todo y la actividad política es intrínseca a la naturaleza humana.
No tiene reparos en sacrificar algunos de los derechos esenciales del hombre
(vida, expresión, reunión) en nombre de lo que considera sagrados intereses de
la comunidad.
El proyecto democrático de Rousseau no se reduce al
campo político, requiere de una cultura democrática cimentada en una nueva
educación y de una economía política adecuada. Rousseau no quiere reducir las
diferentes dimensiones sociales a la política, puesto que posee una clara
intuición del carácter integrado del fenómeno social. Si el pueblo promete
simplemente obedecer, se disuelve en ese acto y pierde su calidad de pueblo. En
el instante en que hay un amo ya no hay soberano, entonces el cuerpo político
está destruido.
Distingue entre libertad natural y libertad social. La
primera se refiere al instinto y al deseo la segunda a lo material. Se debe
destacar que para Rousseau existe un estado natural que se convierte en un estado civil injusto y que se
restaura en un estado legítimo mediante el contrato social.
En la medida en que la libertad
natural no acepta restricciones y la igualdad natural no justifica ninguna
relación de dominación entre las personas, de la misma manera, no cualquier
asociación será la apropiada, para la humanidad. Y por esto considera Rousseau
necesario que las personas libres e iguales consigan admitir tanto los valores
esenciales de la existencia humana, obedeciendo la ley, como las autoridades
que la organización social requiere para su funcionamiento.
Un orden que no atente
contra estos principios se gestiona por medio del pacto social, mediante el
cual, a cambio de la entrega incondicional de la libertad natural, las personas
reciben en compensación “la libertad moral o civil: la única que convierte al
hombre verdaderamente en amo de sí mismo”. La organización de esta nueva
sociedad no puede establecerse sino se parte de una absoluta igualdad, tal
igualdad es dada por la fórmula que Rousseau establece como cláusula
fundamental del “pacto”.
Tocqueville
Filgueras (2009), establece que Tocqueville, a partir del análisis de la
sociedad estadounidense caracterizada por la igualdad de condiciones guiada
predominantemente por un “espíritu igualitario”, consideró
la democracia un estado social, es decir, un conjunto de relaciones sociales del que derivan las costumbres,
creencias, opiniones, e instituciones de un pueblo.
Bajo estas premisas, la libertad consiste
en la ausencia de arbitrariedad y debe ser salvaguardada por las leyes para
evitar que el poder absoluto se concentre en las manos de un solo hombre. Todos
los hombres son fácilmente corruptibles para ejercer este poder, el cual debe
estar en manos de todos.
La regla de las decisiones por la mayoría como son
realizadas en las democracias modernas, lo que es el caso de la Constitución
americana, hace que las minorías sean oprimidas por la mayoría en la medida en
que los intereses de éstas tienen preferencia sobre los intereses de aquellas.
La decisión por la mayoría es el formato institucional
de la democracia más utilizado, según Tocqueville, pero que en sociedades donde
todos son iguales, resulta en la opresión de una minoría descontenta. Todos los
ciudadanos, iguales en condiciones, tienen, pues, que someterse a la voluntad
de la mayoría. El interés bien comprendido, según el autor, no es la dedicación
grandiosa a las causas de la colectividad, sino los pequeños sacrificios que
cada uno, asociativamente, hace para el bien de la colectividad, sin dejar de
lado sus intereses privados y el gusto por los bienes materiales.
Tocqueville recalcó que la igualdad y la desigualdad son fenómenos sociales que se relacionan con la forma en que
se concibe el rol de los individuos dentro de la sociedad, y que influyen en
sus interacciones, asociaciones y divisiones. En cambio, la libertad y el
despotismo son fenómenos políticos, que se refieren a la forma que los
individuos le dan al sistema (leyes e instituciones) de su vida en común.
Además, es importante destacar que cuando pensamos en igualdad, no
estamos pensando específicamente en libertad, porque la primera es un fenómeno
social, y la segunda es un fenómeno político. Es decir, mientras la primera
surge espontáneamente del conjunto de individuos que conforman la sociedad, la
segunda se refiere a qué tan rigurosamente administra el órgano de gobierno
empoderado por la sociedad. Por lo tanto, la democracia, pensada en su aspecto
social, no necesariamente va acompañada de libertad política.
En este sentido la principal preocupación de Tocqueville es la
disyuntiva que surge en las sociedades democráticas entre la libertad y la
igualdad. Una nueva forma de despotismo, que será el resultado de la libre
elección de los individuos obsesionados con la pasión por la igualdad amenaza a
las sociedades democráticas.
Tocqueville consciente de esa amenaza defiende
explícitamente la libertad política y se hace la pregunta por la pobreza. Las
democracias industriales producirán una nueva forma de pobreza en la que los
pobres serán más frágiles y menos visibles que antes. Los pobres no serán
capaces de ejercer su libertad política y la exclusión se convertirá en fuente
de conflicto y amenaza para la estabilidad de estas sociedades.
Conclusión
Hurtado (2008) establece que existe una innegable relación entre la
teoría y la práctica de las nociones que tienen que ver con la democracia,
igualdad y libertad. Ideas que marcaron el rumbo político y social de hace por
lo menos tres siglos atrás continúan en plena vigencia y sirven de fundamento a
la caracterización actual de los procesos democráticos en el mundo occidental.
La democracia hace de la igualdad una condición para la libertad. Un
pueblo democrático es capaz de soportarlo todo, menos la desigualdad. En este
sentido, tiene fundamento la premisa que establece que un sistema democrático
siempre será perfectible, por lo cual siempre será objeto de estudio y de
análisis, y deberá ser una forma de gobierno que garantice el equilibrio entre
quienes forman la mayoría y la minoría generándose un verdadero consenso que no
suprima a las minorías, pues de suprimirlas violaría los derechos individuales
de un grupo determinado.
Sin embargo, muchas son las críticas al uso indiscriminado de estos
conceptos; sobre todo cuando se hacen para la defensa o ataque de determinada
doctrina. Un ejemplo de ello se encuentra en que a pesar de la idea de igualdad
sin exclusión, de la cual se engalanan todas las teorías, el papel de la mujer
sigue siendo el de “gobernadas” por su debilidad.
¿Somos realmente iguales si no tenemos acceso a las mismas
oportunidades? ¿Somos realmente libres si tenemos medios de comunicación que
influyen en la forma en que pensamos y actuamos? ¿Somos realmente democráticos
si no tenemos los mismos derechos?
En las Ciencias Sociales siempre se debe recalcar la importancia del
contexto donde determinada teoría tuvo su origen y a quienes estaba
representando para de esta manera determinar su validez y aplicabilidad de
manera generalizada. La ciencia, y con ellas la teorías que le sirven de
sustento, no es neutral y por lo tanto se debe revisar los grupos de interés
que le sirvieron de fundamento.
Referencias
Bibliográficas
Filgueras,
F. (2009). Montesquieu, Tocqueville y la corrupción de la República.
Disponible: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-62682009000200008
Hurtado,
R. (2008). Tres visiones sobre la democracia. Disponible: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/simo56.pdf
Misari, D.
(2013). Breve análisis del pensamiento filosófico de Baruch Spinoza. Disponible:http://www.academia.edu/4985068/Breve_an%C3%A1lisis_del_pensamiento_filos%C3%B3fico_de_Baruch_Spinoza
Villaverde,
M. (2002): Spinoza, Rousseau: dos concepciones de democracia. Disponible:
http://pendientedemigracion.ucm.es/info/villaverd/componentes/ARTICULOS/articulo_25.pdf




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