* Ana María Maraboli
La estanflación es una situación muy atípica, en la cual se combina la
desaceleración económica, pero sin sus efectos atenuantes, con una alta
inflación, pero sin las causas estructurales favorables de ésta. En
general, la teoría económica afirma que los períodos de rápida
expansión suelen inducir a un aumento de la inflación (recalentamiento de la economía), como resultado de los desequilibrios
momentáneos de mercado causados por el rápido crecimiento relativo de la
demanda, que no puede ser satisfecha por los niveles de
oferta.
Y al contrario, en los períodos de estancamiento o recesión, durante los cuales bajan los niveles generales de actividad, se desacelera la circulación de capitales y tiende a aumentar el nivel de desempleo, caracterizándose por una contracción relativa del consumo y la demanda, por lo que es esperable que la inflación decrezca y en los casos extremos hasta se revierta (deflación).
Y al contrario, en los períodos de estancamiento o recesión, durante los cuales bajan los niveles generales de actividad, se desacelera la circulación de capitales y tiende a aumentar el nivel de desempleo, caracterizándose por una contracción relativa del consumo y la demanda, por lo que es esperable que la inflación decrezca y en los casos extremos hasta se revierta (deflación).
Así, se estima que en general la inflación y la desaceleración son
mutuamente excluyentes. Y por lo tanto, ante los rigores de las crisis
económicas por lo común queda el alivio de la baja inflación que
suele acompañar a éstas, y ante los perjuicios de la alta inflación
normalmente queda el consuelo de que esta última ha sido causada por
un rápido y vigoroso crecimiento general de la economía y del nivel de empleo.
Sin embargo, en economías con graves desequilibrios coyunturales, puede darse
ocasionalmente la inusual combinación de ambas: estancamiento o hasta
decrecimiento con alta inflación. Tal como ocurrió a mediados de la
década de 1970 en países como EE.UU.
y Reino Unido, como resultado, entre otros factores, de la abrupta
subida de los precios petroleros mundiales, que causó una recesión
global, y de la decisión de las autoridades de ampliar la masa monetaria
para tratar de reactivar la economía.
Lo que hace a la estanflación tan temible y dañina es precisamente
que, como ocurrió entonces en casi todo el mundo capitalista
desarrollado, los mecanismos habituales que tienen las autoridades para
paliar uno de sus componentes resultan necesariamente agravando al otro:
al intentar estimular la economía inyectándole más liquidez, terminan
intensificando la inflación; y al contener el tamaño de la masa de
dinero para tratar de detener la inflación, terminan desacelerando la
circulación de capital y dificultando la reactivación económica.
Hay unos pocos países en el mundo, como Venezuela y Zimbabwe, donde los desequilibrios no son coyunturales y pasajeros sino crónicos y estructurales, y donde, en consecuencia, esta rara enfermedad económica puede ocurrir con frecuencia relativamente elevada. (Análisis de Arribas, 2013)
Hay unos pocos países en el mundo, como Venezuela y Zimbabwe, donde los desequilibrios no son coyunturales y pasajeros sino crónicos y estructurales, y donde, en consecuencia, esta rara enfermedad económica puede ocurrir con frecuencia relativamente elevada. (Análisis de Arribas, 2013)
La formula keynesiana
Venezuela, además del estancamiento económico, está acusando uno de los procesos inflacionarios más elevado del mundo; es decir, se encuentra ante el complejo problema de la estanflación. Y la aplicación de recetas keynesianas como la devaluación, agravan la actual crisis económica.
J.M. Keynes, en 1929, resumió su modelo económico con esta simple fórmula:
DG = C + I + G + E
Él decía que la variable que moviliza toda actividad económica es la Demanda Global (DG), la cual está formada por la Demanda de Bienes de Consumo de las Familias (C), por la Demanda de Bienes de Inversión de las Empresas (I), por la Demanda del Sector Público (G), a través del gasto público, y por la Demanda de los Mercados Internacionales (E), a través de las exportaciones.
El modelo en cuestión planteaba cómo a través de esta fórmula tan elemental, se pueden solventar los dos problemas fundamentales de cualquier economía, que son: el desempleo y la inflación.
El desempleo, tal como lo afirmaba Keynes, se produce por una insuficiencia en la Demanda Global (DG). En consecuencia, para incrementar esta demanda global se deben aplicar las siguientes políticas macroeconómicas:
• Estimular el Consumo Familiar(C), mediante una baja en los impuestos;
• Incentivar la Inversión Privada (I), mediante una baja en el tipo de interés
• Incrementar el Gasto Público (G), a través del presupuesto público;
• Fomentar las Exportaciones (E), mediante una disminución en el tipo de cambio (devaluación).
Además, Keynes plantea en su modelo que el desempleo y la inflación no pueden coexistir. En efecto, si el desempleo es debido a una insuficiencia en la demanda, entonces esta última hace que los precios tienden a bajar; es decir, existe desempleo con deflación. En contraposición, si hay inflación, es porque hay un exceso de demanda; el exceso de demanda incentiva a producir más bienes y servicios; y si se incrementa la producción (la oferta), también aumenta el empleo.
Estas recetas keynesianas funcionaron perfectamente desde 1945 hasta 1973, año en el cual ocurrió la crisis del petróleo, que llevó el precio del barril de 2 dólares a precios superiores de los 35 dólares. A partir de ese momento coexistieron desempleo e inflación, cuestión que no había previsto Keynes.
La aparición de estos dos fenómenos simultáneamente fue debido a que la inflación que surgió en 1973 no era una inflación de demanda. Los precios subieron porque subieron los costos de producción relacionados con la energía, y la teoría keynesiana no dio respuesta a cómo combatir la inflación de costos.
En ese sentido, una medida de ajuste cambiario en Venezuela se reflejará en el encarecimiento de los productos importados, generando presiones inflacionarias; lo cual se traducirá en una reducción de la capacidad de compra de los venezolanos, porque sus ingresos no crecerán al mismo ritmo de los precios. Al disminuir la capacidad de compras, se consumirá menos y esto a su vez se traducirá en presiones recesivas sobre la economía.
Contrario a lo que se piensa en el BCV, el problema no es de insuficiencia en la demanda sino en la oferta. De hecho, la elevada inflación que acusa la economía venezolana, es debida a la escasez de productos y a la excesiva liquidez monetaria, causada a su vez por el excesivo gasto público.
Las políticas de estatización, nacionalización y confiscación de empresas aumentaron desequilibrios económicos. El control de cambios, la política de control de precios distorsionados y la sequía de divisas en el mercado cambiario, terminaron por destruir la capacidad del aparato productivo interno y con ello, a pesar de los elevados precios petroleros, darle paso al estancamiento con desempleo y a elevadas tensiones inflacionarias. (Análisis de Gómez, 2013)
Venezuela, además del estancamiento económico, está acusando uno de los procesos inflacionarios más elevado del mundo; es decir, se encuentra ante el complejo problema de la estanflación. Y la aplicación de recetas keynesianas como la devaluación, agravan la actual crisis económica.
J.M. Keynes, en 1929, resumió su modelo económico con esta simple fórmula:
DG = C + I + G + E
Él decía que la variable que moviliza toda actividad económica es la Demanda Global (DG), la cual está formada por la Demanda de Bienes de Consumo de las Familias (C), por la Demanda de Bienes de Inversión de las Empresas (I), por la Demanda del Sector Público (G), a través del gasto público, y por la Demanda de los Mercados Internacionales (E), a través de las exportaciones.
El modelo en cuestión planteaba cómo a través de esta fórmula tan elemental, se pueden solventar los dos problemas fundamentales de cualquier economía, que son: el desempleo y la inflación.
El desempleo, tal como lo afirmaba Keynes, se produce por una insuficiencia en la Demanda Global (DG). En consecuencia, para incrementar esta demanda global se deben aplicar las siguientes políticas macroeconómicas:
• Estimular el Consumo Familiar(C), mediante una baja en los impuestos;
• Incentivar la Inversión Privada (I), mediante una baja en el tipo de interés
• Incrementar el Gasto Público (G), a través del presupuesto público;
• Fomentar las Exportaciones (E), mediante una disminución en el tipo de cambio (devaluación).
Además, Keynes plantea en su modelo que el desempleo y la inflación no pueden coexistir. En efecto, si el desempleo es debido a una insuficiencia en la demanda, entonces esta última hace que los precios tienden a bajar; es decir, existe desempleo con deflación. En contraposición, si hay inflación, es porque hay un exceso de demanda; el exceso de demanda incentiva a producir más bienes y servicios; y si se incrementa la producción (la oferta), también aumenta el empleo.
Estas recetas keynesianas funcionaron perfectamente desde 1945 hasta 1973, año en el cual ocurrió la crisis del petróleo, que llevó el precio del barril de 2 dólares a precios superiores de los 35 dólares. A partir de ese momento coexistieron desempleo e inflación, cuestión que no había previsto Keynes.
La aparición de estos dos fenómenos simultáneamente fue debido a que la inflación que surgió en 1973 no era una inflación de demanda. Los precios subieron porque subieron los costos de producción relacionados con la energía, y la teoría keynesiana no dio respuesta a cómo combatir la inflación de costos.
En ese sentido, una medida de ajuste cambiario en Venezuela se reflejará en el encarecimiento de los productos importados, generando presiones inflacionarias; lo cual se traducirá en una reducción de la capacidad de compra de los venezolanos, porque sus ingresos no crecerán al mismo ritmo de los precios. Al disminuir la capacidad de compras, se consumirá menos y esto a su vez se traducirá en presiones recesivas sobre la economía.
Contrario a lo que se piensa en el BCV, el problema no es de insuficiencia en la demanda sino en la oferta. De hecho, la elevada inflación que acusa la economía venezolana, es debida a la escasez de productos y a la excesiva liquidez monetaria, causada a su vez por el excesivo gasto público.
Las políticas de estatización, nacionalización y confiscación de empresas aumentaron desequilibrios económicos. El control de cambios, la política de control de precios distorsionados y la sequía de divisas en el mercado cambiario, terminaron por destruir la capacidad del aparato productivo interno y con ello, a pesar de los elevados precios petroleros, darle paso al estancamiento con desempleo y a elevadas tensiones inflacionarias. (Análisis de Gómez, 2013)
Resulta obvio que la crisis subyacente se hace palpable con la disminución considerable de los precios del petróleo que mantenían a flote una economía ficticia. Ahora sin ese bastión, somos solo nosotros, y nosotros evidentemente no estamos preparados para asumir la crisis, menos para salir de ella.
En un modelo productivo y diversificado
la caída en el precio de venta de uno de sus bienes de exportación no
tendría mayor impacto. Sin embargo, ante la falta de
diversificación del sector productivo venezolano, una caída, y además
abrupta, en los precios de los bienes de exportación repercute
drásticamente en la capacidad de respuesta del Estado ante sus
compromisos externos (deuda externa) e internos (planes de inversión,
gasto social, pasivos internos, entre otros).
Las visiones analizadas provienen de sectores de pensamiento político diferentes; sin embargo, coinciden en que la salida a esta crisis (que no nos lleve a otro callejón) se encuentra en la producción.
Los principales componentes de la inflación no son esos que se pretenden controlar por vía administrativa, sino
otros de naturaleza estructural, derivados de una economía rentista,
monoproductora y dependiente, que han estado activos desde hace varias
décadas y que siguen sin ser adecuadamente atendidos:
-Limitación de la oferta versus estímulo a la demanda;
-Dependencia creciente de las importaciones;
-Altos índices de liquidez interna y circulación monetaria;
-Dolarización de los precios.
Lo único positivo es que, precisamente por las deformaciones
de nuestra economía, la estanflación en Venezuela no es como la de los países normales, puesto que la alta inflación no se debe a un recalentamiento momentáneo como resultado de un período de rápido
crecimiento, sino, por el contrario, a que la economía productiva del
país se mantiene muy fría desde hace décadas y con tendencia a enfriarse
más.
Y esto es bueno porque, a diferencia de los otros países, en
nuestro caso el remedio para la estanflación es, al menos
conceptualmente, muy simple, puesto que podríamos atender ambos
componentes de la enfermedad con un mismo remedio: aumentar la
producción nacional de bienes y servicios esenciales con niveles
crecientes de eficiencia, con lo que no sólo se robustecería el aparato
productivo nacional y se saldría del estancamiento económico, sino que
se supliría adecuadamente el mercado, se resolvería el problema de
escasez relativa de oferta y se solucionaría uno de los principales
componentes estructurales de la alta inflación crónica.
Peligrosa es la tesis que sitúa al Estado como el principal interesado en mantener el diferencial cambiario a fines de sostener un gasto público ineficiente, con la consecuencia puntual de déficit fiscal y teniendo como contrapartida una escalofriante corrupción que ha traspasado las barreras de lo gubernamental para situarse en todos los sectores sociales.
La Reforma Monetaria de Cavallo
La salida a la crisis inevitablemente tiene un costo político y quizás este sea el componente clave en todo este proceso. Es necesaria la reforma monetaria, si. Pero cualquier cambio en este sentido no tendrá el efecto deseado si no se acompaña de la reducción del gasto público, la eliminación de impuestos distorsivos y el cierre del déficit fiscal, la recuperación del crédito público interno y externo, conseguir inversiones eficientes, aumentar la productividad y crear empleos de alta calidad.
La reforma monetaria que se necesita para recrear una moneda sana y recuperar el crédito público tiene tres ingredientes:
1) Un mercado único y libre de cambios, sin ninguna restricción a la compra y venta de divisas;
2) La puesta en competencia de la moneda local con las monedas extranjeras en todo tipo de transacciones financieras y comerciales.
3) Una política monetaria que apunte a estabilizar el tipo de cambio y baje gradualmente las tasas nominales de interés, sin evitar la apreciación nominal del peso, clave para lograr la desinflación.
(Análisis de Cavallo, 2015 a propósito de la situación económica en Argentina. Coincido con su titulo: son lecciones de la historia.)
Para algunos analistas, el país está en un estado peor al de la estanflación. Se encuentra en un estado de recesión estructural, que implica inflación, escasez, caída de la producción, desempleo y pobreza, del cual no se sale de un momento a otro, sino que requiere políticas sostenidas en el tiempo.
Toda recesión tiene un carácter estructural que le es propio y para pasar a un estado estructural, debió ser primero un fenómeno coyuntural que no se abordó a tiempo. El problema es si se trata de un estancamiento estructural o no, lo cual nos lleva a la causa primaria, raíz y fruto de la crisis: la producción.
Otros analistas afirman que las experiencias inflacionarias surgen de políticas que tenían un objetivo de justicia social, pero que se basaron en la intervención del Estado en la economía que impidieron su crecimiento sostenido y no consiguieron que los resultados redistributivos iniciales se mantuvieran en el tiempo. La estrategia siempre ha sido la misma aumentar el salario de los trabajadores en situación de dependencia, tratando de que al mismo tiempo no aumentara el precio de los bienes y servicios, a través de las regulaciones y controles y protegiendo la industria manufacturera nacional. Estas políticas solo han llevado a que se manifieste la denominada inflación reprimida...además de la inflación abierta.
La innovación como respuesta
Phelps (Premio Nobel de Economía 2007 por sus investigaciones sobre estanflación) afirma que la falta de competitividad, el gasto excesivo y recaudar menos impuestos que los que el país debería, conlleva a que las personas aumenten su consumo en forma excesiva porque piensan que son más ricos de lo que efectivamente son. Los subsidios a productos de consumo no son la manera correcta de disminuir la pobreza, lo que realmente va a la raíz del problema es subsidiar el empleo. Es necesario señalar que la culpa no es del aumento del gasto público per se, sino de determinar cuál es la fuente de financiamiento de esos gastos. Una economía cuyos gastos son superiores a los ingresos por recaudación impositiva, estará siempre en problemas.
Ante el tema de la independencia del BCV, Phelps opina que "el Gobierno debería producir un informe público explicando por qué el resto del mundo está equivocado. Esto va en contra de la abrumadora opinión de los expertos en todo el mundo que piensan que es valioso tener un banco central independiente".
Introduce este Nobel, la importancia de la innovación como salida a la crisis. Para Phelps la innovación que importa, la que realmente produce crecimiento y equidad, es la “indígena”, es decir la que se hace local y libremente por los pobladores de un país y como parte del proceso económico; la innovación que hacen los emprendedores, no los científicos.
Más allá de que no toda innovación tiene base científica y tecnológica (puede ser cultural, administrativa, comercial), la “nueva innovación” del XIX fue llevada a cabo por emprendedores con pocos conocimientos de ciencia, a la que en algunos casos hasta antecedió (la máquina de vapor se creó antes que la termodinámica, es el ejemplo más dramático).
Tenemos entonces escrita a mano alzada la formula para salir de la crisis: la producción innovadora. Esa que proviene de "gente de negocios que tuvo grandes ideas para impulsar sus propios negocios".
Peligrosa es la tesis que sitúa al Estado como el principal interesado en mantener el diferencial cambiario a fines de sostener un gasto público ineficiente, con la consecuencia puntual de déficit fiscal y teniendo como contrapartida una escalofriante corrupción que ha traspasado las barreras de lo gubernamental para situarse en todos los sectores sociales.
La Reforma Monetaria de Cavallo
La salida a la crisis inevitablemente tiene un costo político y quizás este sea el componente clave en todo este proceso. Es necesaria la reforma monetaria, si. Pero cualquier cambio en este sentido no tendrá el efecto deseado si no se acompaña de la reducción del gasto público, la eliminación de impuestos distorsivos y el cierre del déficit fiscal, la recuperación del crédito público interno y externo, conseguir inversiones eficientes, aumentar la productividad y crear empleos de alta calidad.
La reforma monetaria que se necesita para recrear una moneda sana y recuperar el crédito público tiene tres ingredientes:
1) Un mercado único y libre de cambios, sin ninguna restricción a la compra y venta de divisas;
2) La puesta en competencia de la moneda local con las monedas extranjeras en todo tipo de transacciones financieras y comerciales.
3) Una política monetaria que apunte a estabilizar el tipo de cambio y baje gradualmente las tasas nominales de interés, sin evitar la apreciación nominal del peso, clave para lograr la desinflación.
(Análisis de Cavallo, 2015 a propósito de la situación económica en Argentina. Coincido con su titulo: son lecciones de la historia.)
Para algunos analistas, el país está en un estado peor al de la estanflación. Se encuentra en un estado de recesión estructural, que implica inflación, escasez, caída de la producción, desempleo y pobreza, del cual no se sale de un momento a otro, sino que requiere políticas sostenidas en el tiempo.
Toda recesión tiene un carácter estructural que le es propio y para pasar a un estado estructural, debió ser primero un fenómeno coyuntural que no se abordó a tiempo. El problema es si se trata de un estancamiento estructural o no, lo cual nos lleva a la causa primaria, raíz y fruto de la crisis: la producción.
Otros analistas afirman que las experiencias inflacionarias surgen de políticas que tenían un objetivo de justicia social, pero que se basaron en la intervención del Estado en la economía que impidieron su crecimiento sostenido y no consiguieron que los resultados redistributivos iniciales se mantuvieran en el tiempo. La estrategia siempre ha sido la misma aumentar el salario de los trabajadores en situación de dependencia, tratando de que al mismo tiempo no aumentara el precio de los bienes y servicios, a través de las regulaciones y controles y protegiendo la industria manufacturera nacional. Estas políticas solo han llevado a que se manifieste la denominada inflación reprimida...además de la inflación abierta.
La innovación como respuesta
Phelps (Premio Nobel de Economía 2007 por sus investigaciones sobre estanflación) afirma que la falta de competitividad, el gasto excesivo y recaudar menos impuestos que los que el país debería, conlleva a que las personas aumenten su consumo en forma excesiva porque piensan que son más ricos de lo que efectivamente son. Los subsidios a productos de consumo no son la manera correcta de disminuir la pobreza, lo que realmente va a la raíz del problema es subsidiar el empleo. Es necesario señalar que la culpa no es del aumento del gasto público per se, sino de determinar cuál es la fuente de financiamiento de esos gastos. Una economía cuyos gastos son superiores a los ingresos por recaudación impositiva, estará siempre en problemas.
Ante el tema de la independencia del BCV, Phelps opina que "el Gobierno debería producir un informe público explicando por qué el resto del mundo está equivocado. Esto va en contra de la abrumadora opinión de los expertos en todo el mundo que piensan que es valioso tener un banco central independiente".
Introduce este Nobel, la importancia de la innovación como salida a la crisis. Para Phelps la innovación que importa, la que realmente produce crecimiento y equidad, es la “indígena”, es decir la que se hace local y libremente por los pobladores de un país y como parte del proceso económico; la innovación que hacen los emprendedores, no los científicos.
Más allá de que no toda innovación tiene base científica y tecnológica (puede ser cultural, administrativa, comercial), la “nueva innovación” del XIX fue llevada a cabo por emprendedores con pocos conocimientos de ciencia, a la que en algunos casos hasta antecedió (la máquina de vapor se creó antes que la termodinámica, es el ejemplo más dramático).
Tenemos entonces escrita a mano alzada la formula para salir de la crisis: la producción innovadora. Esa que proviene de "gente de negocios que tuvo grandes ideas para impulsar sus propios negocios".



0 comentarios:
Publicar un comentario