La medida de reducción de la liquidez trae como consecuencia inmediata una depresión de la economía. En casos como el venezolano donde la depresión ya se encuentra instalada, el costo social va a pasar factura en su parte más sensible: la disminución de los niveles de empleo. Es bastante conocido que en Venezuela, la velocidad con que constantemente crece la liquidez monetaria en el sistema económico, supera su capacidad de uso, haciendo que esta sobre abundancia incida sobre el valor del dinero produciendo la pérdida de su valor en una relación que es inversamente proporcional al tamaño de la masa monetaria.
Es decir, se cumple el principio económico a mayor cantidad de dinero disponible para comprar bienes y servicios escasos o inexistentes, menor será su poder de compra. Ciertamente es importante el nivel de las expectativas y el grado de confianza que pueda dar el gobierno con respeto al respeto y al apego de las políticas económicas, pero aun cuando esto sea así, que no lo es, es un hecho comprobado que la reactivación económica va a ser un proceso lento y muy duro para Venezuela.
Es decir, se cumple el principio económico a mayor cantidad de dinero disponible para comprar bienes y servicios escasos o inexistentes, menor será su poder de compra. Ciertamente es importante el nivel de las expectativas y el grado de confianza que pueda dar el gobierno con respeto al respeto y al apego de las políticas económicas, pero aun cuando esto sea así, que no lo es, es un hecho comprobado que la reactivación económica va a ser un proceso lento y muy duro para Venezuela.
El otro aspecto al cual, a mi juicio, se le ha prestado muy poca atención es a la lucha contra la corrupción, negarla es una medida suicida. Quedaría muy bien el gobierno si le pusiera coto, la medida heroica de mea culpa devolvería un poco de confianza a su desprestigiado entorno. Según Salama y Valier, la corrupción tiene múltiples facetas. Sus fronteras con la legalidad son a menudo
difusas. Mezcla de géneros, la corrupción se inserta en un conjunto de fallas reglamentarias.
Cuanto más complejas son las reglamentaciones, más chances tiene de
prosperar. Tomando prestado a lo «legal» algunas de sus disposiciones, utilizando
influencias personales, servicios prestados, chantajes encubiertos e incluso explícitos,
la corrupción puede aparecer como eficaz, por lo tanto justificada, para aquellos
que se benefician de ella: "si no lo hago yo, otro lo hace".
De manera general, la imagen de la corrupción depende en igual medida del trasfondo cultural, económico, político y social. Varía según las capas sociales. Es probable que las capas medias tengan una sensibilidad mayor a la corrupción, una imagen más negativa que la de las clases populares en períodos de florecimiento económico. A la inversa, cuando la situación se deteriora económicamente, y en la medida en que los sectores más desfavorecidos padecen con mayor fuerza los efectos de la crisis, es probable que la denuncia de la corrupción sea percibida de manera más intensa por estas capas; y que la corrupción, que aparece como un agregado al aumento de la desigualdad, sea entonces particularmente condenada por estas.
La forma como la crisis económica, social o política es vivida pesa sobre la percepción de la corrupción. Los períodos de alteración de los valores, de crisis de lo simbólico, de ocaso de las utopías o de grandes esperanzas son, en general, propicios para una hipersensibilidad respecto a la corrupción y, a veces, para una inclinación hacia vías políticas no parlamentarias delegando el poder a un Hombre Providencial.
En este sentido urge la revisión de los Comités Local de Abastecimiento Popular. Solo hay que pensar que si en el funcionamiento de los consejos comunales, legalmente constituidos y obligados por esa misma Ley a rendir cuentas, se han detectado tantas irregularidades, cuantas más pudieran estar ocurriendo en estos Comités que no tienen mayor vigilancia. Y es que para cumplir fines redistributivos existe el Estado, imparcial y objetivo, que debe servir de mediador entre el mercado y la sociedad.
En cuanto al nuevo cono monetario, la Teoría Económica señala que existe una relación de comportamiento constante entre los múltiplos y las fracciones de la variable salarial con la estructura denominativa, a fin de obtener un circulante más eficiente. Concretamente, la introducción de una nueva fórmula de billete se realiza cuando el monto del salario promedio diario alcanza cinco veces su valor, en cuyo caso, el monto de la misma estará determinado por un orden secuencial.
Asimismo, las casas impresoras de fórmulas de billetes también recomiendan la puesta en circulación de una nueva denominación de alto valor, cuando el billete de denominación máxima actual, alcanza una participación de aproximadamente un 60% del valor total en circulación.
Aunque la cotización de un cierto número de monedas se determina por la oferta y demanda en el mercado, los bancos centrales continúan interviniendo para limitar sus fluctuaciones frente al dólar. Lo hacen para limitar las variaciones a corto plazo de su moneda y reducir el desorden en los mercados, para evitar que los tipos de cambio tengan diferencias permanentes y fuertes que no estén en relación con los fundamentales de su economía y para evitar que una depreciación de la moneda nacional alimente la inflación o para reconstituir sus reservas, una vez acaben los ataques frente a su moneda.
Sin embargo, al agudizarse la crisis los empleos informales se desarrollan en los servicios o el comercio y, sobre todo, los de estricta supervivencia. La oferta aumenta pero la demanda baja; resulta entonces lógico que el volumen de negocios de la mayoría de estos empleos se reduzca fuertemente y que aumente y se profundice la pobreza. Crece la desigualdad entre los pobres y aumenta la heterogeneidad de los empleos informales a medida que se incrementan la inflación, la crisis y el número de tales empleos.
Para comprender la evolución específica de estos ingresos y la amplitud de su ciclo, es preciso tener en cuenta dos factores: la evolución de los ingresos y los gastos de los trabajadores que ocupan empleos formales, y la deformación posible de los precios relativos a favor de los trabajadores del comercio, la pequeña industria y ciertos servicios. Estos dos factores combinados actúan positivamente en los ingresos de una fracción considerable de los empleos informales, pero su acción tiende a agotarse rápidamente. En consecuencia, después de una fase de fuerte recuperación, estos ingresos tienden a estancarse, por no decir a retroceder.
Un último aspecto a considerar, es que las políticas económicas puramente nacionales son inconcebibles hoy en día. La planificación no es, en efecto, eficaz más que si es total: el comercio exterior debe estar también planificado. Cada vez que un país exporta sus productos a otro, los productos importados en contrapartida deben estar ya previstos. Todas las transacciones deben estar, por tanto, equilibradas.
Mientras sigamos dependiendo en un grado tan alto de las importaciones, y no se entienda que la producción interna debe restablecerse, si no para exportar al menos para auto abastecernos, vamos a seguir transitando esta vía de empobrecimiento en un país rico. La respuesta no puede ni debe estar en los precios de petróleo que en el peor de los casos nos llevaría nuevamente a reprobar la lección, tal como lo expresa una brillante empresaria de este país aprender a "mirar amorosamente las vacas flacas".
Economía e ideología política, un dúo inseparable, pero podemos hacer mejor política si controlamos las variables económicas que al fin y al cabo son el reflejo de la calidad de vida de la población y en ello no hay cabida para la improvisación. Los agentes económicos deben estar convencidos que quien fija la política económica del país sabe lo que está haciendo, y que lo está haciendo con pulcritud y transparencia. Pudiera parecer simplista esta receta, pero es que la realidad es compleja cuando se parcializa, cuando se abstraen situaciones para estudio, pero en la práctica impera el sentido común y la lógica.
Sigamos apostando por Venezuela, que es apostar por nosotros mismos, nuestro futuro y el de nuestras familias. Las crisis son inevitables, pero siempre traen oportunidades, y lo mejor siempre tienen una salida. Ya lo estamos viendo en los emprendimientos que se están gestando, en voluntades de trabajo unidas por una causa común, la de querer hacer las cosas mejor, no importa cual sea nuestro campo, hacerlas siempre mejor.
(*) Las condiciones económicas y sociales en América Latina no han cambiado por lo cual se considera valido el análisis del Profesor Salama.
De manera general, la imagen de la corrupción depende en igual medida del trasfondo cultural, económico, político y social. Varía según las capas sociales. Es probable que las capas medias tengan una sensibilidad mayor a la corrupción, una imagen más negativa que la de las clases populares en períodos de florecimiento económico. A la inversa, cuando la situación se deteriora económicamente, y en la medida en que los sectores más desfavorecidos padecen con mayor fuerza los efectos de la crisis, es probable que la denuncia de la corrupción sea percibida de manera más intensa por estas capas; y que la corrupción, que aparece como un agregado al aumento de la desigualdad, sea entonces particularmente condenada por estas.
La forma como la crisis económica, social o política es vivida pesa sobre la percepción de la corrupción. Los períodos de alteración de los valores, de crisis de lo simbólico, de ocaso de las utopías o de grandes esperanzas son, en general, propicios para una hipersensibilidad respecto a la corrupción y, a veces, para una inclinación hacia vías políticas no parlamentarias delegando el poder a un Hombre Providencial.
En este sentido urge la revisión de los Comités Local de Abastecimiento Popular. Solo hay que pensar que si en el funcionamiento de los consejos comunales, legalmente constituidos y obligados por esa misma Ley a rendir cuentas, se han detectado tantas irregularidades, cuantas más pudieran estar ocurriendo en estos Comités que no tienen mayor vigilancia. Y es que para cumplir fines redistributivos existe el Estado, imparcial y objetivo, que debe servir de mediador entre el mercado y la sociedad.
En cuanto al nuevo cono monetario, la Teoría Económica señala que existe una relación de comportamiento constante entre los múltiplos y las fracciones de la variable salarial con la estructura denominativa, a fin de obtener un circulante más eficiente. Concretamente, la introducción de una nueva fórmula de billete se realiza cuando el monto del salario promedio diario alcanza cinco veces su valor, en cuyo caso, el monto de la misma estará determinado por un orden secuencial.
Asimismo, las casas impresoras de fórmulas de billetes también recomiendan la puesta en circulación de una nueva denominación de alto valor, cuando el billete de denominación máxima actual, alcanza una participación de aproximadamente un 60% del valor total en circulación.
Aunque la cotización de un cierto número de monedas se determina por la oferta y demanda en el mercado, los bancos centrales continúan interviniendo para limitar sus fluctuaciones frente al dólar. Lo hacen para limitar las variaciones a corto plazo de su moneda y reducir el desorden en los mercados, para evitar que los tipos de cambio tengan diferencias permanentes y fuertes que no estén en relación con los fundamentales de su economía y para evitar que una depreciación de la moneda nacional alimente la inflación o para reconstituir sus reservas, una vez acaben los ataques frente a su moneda.
En 1971 el presidente Nixon desliga al dólar de su respaldo en oro, y a partir de allí el mundo opera bajo un sistema monetario llamado fiat, el dólar, la libra, el euro, el Bolívar son todas divisas fiat de los gobiernos. La palabra fiat es una palabra latina que significa: que así sea. Es la ley la que impone que las divisas que emiten los gobiernos sean dinero. De hecho sin esa obligación forzosa ese papel que representa al Bolívar carecería de valor.
Únicamente los gobiernos tienen el poder de emitir dinero fiat, pero los bancos lo pueden crear a través de préstamos. Si alguien quiere pedir un préstamo, el banco los puede crear de la nada, restarlos y luego cobrar intereses. Los bancos también crean dinero haciendo préstamos respaldados por activos como una casa y crean el dinero de la nada y lo prestan, cobrando intereses por supuesto.
Se benefician del dinero fiat aquellos que tienen el poder de emitirlo , los gobiernos y los bancos que sin la necesidad de hacer nada productivo, simplemente crean dinero y después las compañías o particulares que reciben este dinero primero y lo pueden gastar antes de que los precios de las cosas que quieran comprar hayan aumentado y reflejen el nuevo dinero en circulación. Dicho de otra manera obtienen servicios y productos más baratos, pero los precios aumentan pronto, y los propietarios de activos como casas o acciones verán crecer sus beneficios sin haberse realizado ninguna mejora en la casa o en las acciones en cuestión.
De todas las maneras en la que es creado el dinero, ya sea a través de préstamos, del sistema de banca de reserva fraccionaria, de rescates financieros o de la impresión de dinero a la antigua usanza, los bancos siempre se encuentran en la cima de la pirámide de la emisión de dinero. Les siguen las corporaciones que piden grandes cantidades prestadas para lucrativos contratos gubernamentales mayormente en el extranjero. Los socios de los bancos y las corporaciones que piden el préstamo primero con tasas de interés bajas, y los ejecutivos de los bancos son aquellos que rápidamente se quedan con su parte del pastel. Los beneficios vienen en forma de bonos.
Hasta el momento en el que el dinero de nueva creación llega a nosotros los asalariados, los precios de las cosas que se quieran o se necesiten comprar habrán aumentado y los ahorros compran cada vez una cantidad menor de bienes, pero los sueldos en la mayoría de los casos se mantienen estables, en algunos casos se tienen que pedir prestamos para comprar aquellas cosas que con anterioridad eran capaces de comprar lo que significa que se tienen que dirigir a los bancos. En realidad este proceso de creación de dinero realmente distribuye la riqueza desde las bases hasta la cima de la pirámide y por eso la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor y mayor.
Según Salama (1998) (*), los ingresos no salariales, generalmente mayores en los empleos informales no
industriales, comerciales y de servicios, se indexan según el volumen de
negocios. Se trata de una indexación instantánea en cierta forma. Según el
razonamiento hecho, estos trabajadores no deberían sufrir por la inflación ni por
su aceleración, porque podrían hacer que ésta se reflejara de manera instantánea
en el precio de venta y mantener, como mínimo, su poder adquisitivo estable. Sin embargo, al agudizarse la crisis los empleos informales se desarrollan en los servicios o el comercio y, sobre todo, los de estricta supervivencia. La oferta aumenta pero la demanda baja; resulta entonces lógico que el volumen de negocios de la mayoría de estos empleos se reduzca fuertemente y que aumente y se profundice la pobreza. Crece la desigualdad entre los pobres y aumenta la heterogeneidad de los empleos informales a medida que se incrementan la inflación, la crisis y el número de tales empleos.
Para comprender la evolución específica de estos ingresos y la amplitud de su ciclo, es preciso tener en cuenta dos factores: la evolución de los ingresos y los gastos de los trabajadores que ocupan empleos formales, y la deformación posible de los precios relativos a favor de los trabajadores del comercio, la pequeña industria y ciertos servicios. Estos dos factores combinados actúan positivamente en los ingresos de una fracción considerable de los empleos informales, pero su acción tiende a agotarse rápidamente. En consecuencia, después de una fase de fuerte recuperación, estos ingresos tienden a estancarse, por no decir a retroceder.
Un último aspecto a considerar, es que las políticas económicas puramente nacionales son inconcebibles hoy en día. La planificación no es, en efecto, eficaz más que si es total: el comercio exterior debe estar también planificado. Cada vez que un país exporta sus productos a otro, los productos importados en contrapartida deben estar ya previstos. Todas las transacciones deben estar, por tanto, equilibradas.
Mientras sigamos dependiendo en un grado tan alto de las importaciones, y no se entienda que la producción interna debe restablecerse, si no para exportar al menos para auto abastecernos, vamos a seguir transitando esta vía de empobrecimiento en un país rico. La respuesta no puede ni debe estar en los precios de petróleo que en el peor de los casos nos llevaría nuevamente a reprobar la lección, tal como lo expresa una brillante empresaria de este país aprender a "mirar amorosamente las vacas flacas".
Economía e ideología política, un dúo inseparable, pero podemos hacer mejor política si controlamos las variables económicas que al fin y al cabo son el reflejo de la calidad de vida de la población y en ello no hay cabida para la improvisación. Los agentes económicos deben estar convencidos que quien fija la política económica del país sabe lo que está haciendo, y que lo está haciendo con pulcritud y transparencia. Pudiera parecer simplista esta receta, pero es que la realidad es compleja cuando se parcializa, cuando se abstraen situaciones para estudio, pero en la práctica impera el sentido común y la lógica.
Sigamos apostando por Venezuela, que es apostar por nosotros mismos, nuestro futuro y el de nuestras familias. Las crisis son inevitables, pero siempre traen oportunidades, y lo mejor siempre tienen una salida. Ya lo estamos viendo en los emprendimientos que se están gestando, en voluntades de trabajo unidas por una causa común, la de querer hacer las cosas mejor, no importa cual sea nuestro campo, hacerlas siempre mejor.
(*) Las condiciones económicas y sociales en América Latina no han cambiado por lo cual se considera valido el análisis del Profesor Salama.




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