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domingo, 30 de octubre de 2016

Alternativas para sobrevivir a la inflación

La pregunta ¿cómo sobrevivir a una economía inflacionaria? tiene tantas respuestas que uno se pierde en la variedad. Lo triste es que las recomendaciones llegan casi todas tarde, ¿cómo invertir en bienes muebles e inmuebles si no nos alcanza ni para pagar lo básico? sin embargo, hay otras alternativas como el ahorro en monedas que no se devalúen y pedir créditos para invertir en estas monedas si no tenemos el dinero suficiente para hacerlo.

Otra tarea importante es establecer prioridades a la hora de gastar, esto permite equilibrar el presupuesto propio o familiar y adaptarlo a las circunstancias actuales, "ya vendrán tiempos mejores" y "arroparse hasta donde llegue la cobija" son algunas de los consejos populares que no están muy lejos de la realidad.

De igual manera, que los gastos se reducen o ajustan, es importante el incremento de los ingresos con actividades adicionales (al final de este post encontraras la mía) que permitan cumplir con los compromisos adquiridos en diversas áreas distintas a la alimentación, como serían la compra de productos que se requieran a futuro.

Tristemente, estos consejos que muchos ya conocen afectan negativamente los valores agregados de la economía; pero es  trabajo del gobierno asegurar el control de la inflación a través de políticas públicas tales que afecten positivamente las expectativas de la población. Y es que mientras estos, aquellos y los otros se ponen de acuerdo, somos tu y yo los más afectados porque aunque según el FMI la tasa de inflación acumulada en Venezuela cerrará en 500% para otros superará el 800%. 

Algo positivo? salen a relucir habilidades que antes pasaban desapercibidas o que se convertían en última opción, como la costura por ejemplo. En días pasados vi en las redes sociales alguien que ofrecía forrar los zapatos para que quedaran como nuevos, por supuestos que los "likes" fueron muchos.

Parece tan claro la solución a estos problemas, sobretodo porque hay un montón de gente estudiando y revisando las salidas de esta crisis que ya lleva tiempo consumiéndonos, pero hace falta un ingrediente fundamental: la voluntad de cambio. Es tan fácil que si lo traduces al inglés no resulta una palabra complicada o que pueda indicar una cosa distinta a "I will change". 







sábado, 29 de octubre de 2016

Estado eficiente

La construcción de un Estado eficiente dentro del marco de la democracia: El mecanismo de Rendición de Cuentas

Introducción

La transparencia en la gestión pública, la participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones del gobierno, la responsabilidad de los funcionarios públicos en cuando a sus decisiones y a su gerencia de los recursos, son componentes fundamentales de un sistema democrático y elementos complementarios del derecho inherente del ciudadano de elegir a sus autoridades. La corrupción casi siempre puede ser entendida como el uso inapropiado de reglas de conducta que se aplican en un campo de la acción humana en otro, siendo este es uno de los muchos problemas que las sociedades buscan resolver mediante el incremento de la Rendición de Cuentas.

La Rendición de Cuentas es un concepto que va más allá de la presentación de cuentas claras, entendiéndose como un proceso proactivo por medio del cual los servidores públicos informan, explican y justifican sus planes de acción, desempeño y logros, sujetándose a las recompensas y sanciones previstas, y que incluye, la evaluación de los funcionarios, tanto en su desempeño como en el acatamiento de las normas correspondientes. (Ackerman, 2008).

El ejercicio del control, que supone la intervención en la manera como el poder es ejercido, se facilita con la Rendición de Cuentas, asumiendo características vinculadas al modelo de Gestión Pública, por lo cual resulta importante diferenciar las causas del control. El control fiscal es el conjunto de actividades realizadas por las instituciones competentes para lograr mediante sistemas y procedimientos diversos, la regularidad y corrección de la administración del patrimonio público.

De esta manera, el Control Fiscal, representa una función pública que vigila la gestión de la administración y de los particulares o entidades que manejan fondos o bienes de la nación a través del control financiero, de gestión y de resultados, basados en las cuentas e informes que rinden los responsables de dichos fondos o bienes, con el fin de revisarlas o fenecerlas o en su defecto imponer sanciones pecuniarias según sea el caso.

La Rendición de Cuentas y su tipología

Básicamente, la Rendición de Cuentas consiste en la obligatoriedad de responder por las acciones y el comportamiento propio, y en el caso del uso de recursos públicos, implica la responsabilidad de responder por las acciones y decisiones relacionadas con el uso de esos recursos. Sin embargo, la rendición de cuentas no termina con la explicación o justificación, ya que el proceso requiere reciprocidad; para que las cuentas se rindan es necesario que el ciudadano tenga la posibilidad de sancionar y que esta acción tenga alguna consecuencia.

De acuerdo Ruelas (2008), existen tres dimensiones en el proceso de rendición de cuentas, siendo la primera de ellas de tipo informativo, haciendo accesible al ciudadano la información sobre las políticas, resultados y expectativas. La segunda dimensión es la explicativa, en la cual se ofrecen razones y juicios respecto de las acciones realizadas o planeadas y se utilizan en ella mecanismos similares a la anterior, destinados a informar. La tercera dimensión se relaciona con la exigencia, caracterizándose por ser un proceso donde se reconoce lo correcto y se castiga lo erróneo, utilizando como base las dimensiones donde el sujeto responsable de rendir cuentas informa y explica sus acciones.

La Rendición de Cuentas también se observa en distintos momentos. El primero es prospectivo, en el cual las cuentas se rinden desde la etapa del diseño, siendo en este momento cuando el proceso de rendición de cuentas puede tener mayores consecuencias en la evolución futura de la propia política y su posible derogación. El segundo momento se vincula con el proceso, es decir, cuando se verifica la eficiencia y la honestidad al instituir una política, disponiendo de los controles necesarios para que exista información, justificación y sanción.

Existen distintos ámbitos donde operan mecanismos de Rendición de Cuentas. El primero de ellos, el gubernamental, utiliza herramientas como las que se utilizan en los procesos electorales, evidentemente de tipo político; las que operan a través del control jerárquico de los subordinados, de tipo administrativo, y las que operan a través de la aplicación de la ley, es decir de tipo legal. 

El siguiente ámbito donde opera la Rendición de Cuentas es en el mercado, donde los efectos repercuten inmediatamente en los deseos de los consumidores y en la capacidad del producto para mantenerse en el mercado. El tercer ámbito donde se sitúa la Rendición de Cuentas es el que se produce hacia los otros miembros de la comunidad, en el cual se aplica la rendición de cuentas social. Cabe señalar que cada uno de estos ámbitos debe responder las interrogantes relacionadas al criterio de responsabilidad y aun cuando sus diferencias son claramente distinguibles, los tres fluyen y se mezclan entre sí en todas las formas posibles.

Por otra parte, se debe destacar que los sujetos obligados a la Rendición de Cuentas son los servidores y organismos públicos, pero también las empresas concesionadas para prestar servicios públicos y las organizaciones de la Sociedad Civil que ejercen recursos o realizan servicios públicos. Es decir, todo organismo, institución o individuo que en cualquier ámbito haya recibido recursos públicos para la realización de una determinada tarea se encuentra en la obligación de rendir cuentas, siendo esta facultad ejercida por organismos públicos de fiscalización o por los mismos ciudadanos.

O´Donell (2007), señala una tipología que permite entender los distintos mecanismos de Rendición de Cuentas, distinguiendo entre rendición de cuentas vertical y horizontal. En la rendición de cuentas vertical se encuentra la relación entre gobernantes y electores, incluyéndose los mecanismos electorales y no electorales que recaen sobre la Sociedad Civil para controlar a sus autoridades; mientras que en la rendición de cuentas horizontal, se encuentran una o varias agencias del estado que actúan sobre otra agencia del Estado con el fin de prevenir, cancelar, reparar o castigar acciones que se presumen ilegales.

La rendición de cuentas horizontal corresponde a una relación entre iguales y se refiere a que alguien que tiene el mismo poder que otro puede fiscalizarlo y hacer que este le rinda cuentas por sus acciones y puede tener efecto en dos dimensiones: la transgresión legal y la corrupción. La primera se refiere al traspaso ilegal de los límites de la autoridad de una institución estatal por parte de otras; mientras que la segunda se produce cuando los servidores públicos obtienen ventajas ilícitas para sí mismos o para terceros en el ejercicio de sus funciones.

La rendición de cuentas vertical es el mecanismo más común en países democráticos y corresponde a una relación entre desiguales, donde quien tiene el poder puede exigirle rendición de cuentas a quien se encuentre subordinado a este. Se consideran en este grupo a las elecciones, la sociedad organizada y los órganos internos de control. Para que la fórmula de la rendición de cuentas vertical funcione es necesaria la promoción de acciones de transparencia con el objeto de que existan mejores instrumentos para la sanción, promoviendo de esta forma su legitimidad.

Isunza (2006), indica como tercer tipo de rendición de cuentas, el diagonal o transversal, en el cual la Sociedad Civil también participa vigilando desde el interior de las organizaciones gubernamentales, las acciones, políticas, programas y desempeño de los servidores públicos. Se refiere a la vinculación directa de los ciudadanos en los esfuerzos de instituciones de rendición de cuentas horizontal para la supervisión de las acciones del Estado, se efectúa a través de instituciones de Estado ciudadanizadas y que desde el espacio de la Sociedad Civil ejercen el control de funcionarios públicos. De acuerdo a Ackerman (2008), este tipo de instituciones quiebra el monopolio ejercido por el Estado en la responsabilidad de control ejecutivo de los funcionarios públicos.
Control Fiscal
El control fiscal tiene un fundamento eminentemente jurídico y toda su actividad debe estar enmarcada dentro del ordenamiento legal, siendo su ejercicio encomendado a órganos del Estado y nunca a particulares. Existen algunos principios fundamentales que rigen el control fiscal a saber: (a) eficiencia, donde la asignación de los recursos sea la más conveniente para maximizar los resultados, (b) economía, ya que en igualdad de condiciones de calidad, los bienes y servicios se obtienen al menor costo, (c) eficacia, para que los resultados se logren de manera oportuna y guarden relación con los objetivos y metas, y (d) equidad, de tal forma que se analice la distribución de costos y beneficios entre sectores económicos y sociales y entre entidades territoriales.

Existen múltiples clasificaciones del control fiscal, entre ellas se encuentra aquella  que define al control como interno y externo. El control externo es independiente al ámbito de estructura que es encarga de la gestión, mientras que el control interno se lleva desde la misma estructura, pero ambos tienen como finalidad que se alcancen los objetivos en forma económica, eficaz y eficiente, que el patrimonio este protegido, y que las operaciones sean legales. Los dos tipos de control deben actuar de manera complementaria evitando duplicaciones y tomando en cuenta los resultados de cada una de ellos, para llevar a cabo, auditorias y fiscalizaciones más completas.

Aspectos Generales del Proceso de Rendición de Cuentas en Venezuela

De acuerdo a Wolff (2010), el presupuesto es uno de los componentes del Plan Operativo Anual del Sector Público, a través del cual se procura el alcance de los objetivos de dicho sector y se encuentra basado en la definición de programas creados en función de la misión del organismo público que elabora el presupuesto. Sin embargo, la gestión de gobierno tiene la necesidad de emprender proyectos cuyos objetivos traspasan en ocasiones la misión del órgano público que elabora el presupuesto; y por esta razón, a partir del año 2006, el presupuesto por decisión del Ejecutivo Nacional, sustituye la técnica de presupuesto por programas para adoptar la de presupuesto por proyectos.

La concepción moderna del presupuesto está sustentado en el carácter de integridad de la técnica financiera, ya que el presupuesto no sólo es concebido solo como una expresión financiera del plan de gobierno, sino con un sentido más amplio, pues constituye un instrumento del sistema de planificación que refleja una política presupuestaria única.

El presupuesto público está compuesto por tres fases: (a) formulación: es aquella en la que se elabora el presupuesto, tomando en cuenta los objetivos y metas del plan operativo anual, que deben estar adecuados al plan de desarrollo de la nación y debe poseer su esquema financiero, (b) ejecución: es la que dirige los recursos, al cumplimiento de los objetivos establecidos en el presupuesto y realiza las modificaciones, variaciones y desviaciones de estos recursos en los casos que sean necesarias, y (c) control y evaluación: es el mecanismo que permite, hacer un seguimiento a la ejecución presupuestaria, con la finalidad de verificar el grado de avance y los desvíos que surgen al comparar lo programado con lo ejecutado.


En la fase de control y evaluación es donde se encuentra determinada la rendición de cuentas y el control de los recursos presupuestarios asignados. En el Cuadro 1 se muestra el ámbito operativo en el que se desenvuelven los procesos administrativos venezolanos, siendo importante señalar que el sistema de la Administración Pública Nacional se encuentra conformado como un macrosistema dividido en dos subsistemas denominados: administrativos y de apoyo. (Paredes, 2006).

Cabe señalar que, durante el año 1995, se crea mediante Decreto Presidencial Nº 575, el Programa de Modernización de la Administración Financiera del Estado, (PROMAFE), bajo el patrocinio del Banco Mundial, con el propósito de desarrollar e implantar el Sistema Integrado de Gestión y Control de las Finanzas Públicas (SIGECOF), fortalecer las funciones de control del gasto público y de auditoría interna en los organismos públicos, mediante la creación de un órgano rector del control Interno y la auditoría interna, y simplificar y automatizar los procesos de administración financiera.

La creación del mencionado órgano rector del control interno estaba prevista para la segunda etapa del Programa de Modernización de la Administración Financiera del Estado, una vez adelantadas las reformas de los procesos y la definición del marco legal, pero ese mismo año 1995 es promulgada una nueva Ley Orgánica de la Contraloría General de la República, que entró en vigencia a partir del febrero de 1996. Esta Ley, por una parte, facultó a la Contraloría para decidir el cese de sus competencias de control previo de compromisos y pagos, conservando las verificaciones respectivas como responsabilidad de la administración activa; y por la otra, atribuyó directamente al Ministerio de Hacienda, hoy Ministerio de Planificación y Finanzas, la funciones de contabilidad que venía ejerciendo la Contraloría General desde su creación.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada mediante el Referéndum Popular del año 1999, da un impulso definitivo a la reforma de la Administración Financiera del Estado y al Sistema Nacional de Control Fiscal,  siendo adaptada a los nuevos requerimientos del texto fundamental en la Ley Orgánica de la Administración Financiera del Estado (LOAFSP), promulgada el 05 de septiembre del año 2000, desarrollando definitivamente la nueva concepción de la administración financiera del Estado y del sistema de control Interno. Los sistemas básicos de administración financiera, como son: presupuesto crédito público, tesorería y contabilidad, se integran cada uno a cargo de un órgano rector, bajo la coordinación del Ministerio de Planificación y Finanzas.

La norma rectora en materia de rendición de cuentas, se encuentra prevista en el artículo 141 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y establece que la Administración Pública se fundamenta en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad. Con el propósito de desarrollar la disposición constitucional antes mencionada, así como otras contenidas en el ordenamiento jurídico venezolano, la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal, prevé en su artículo 51 la obligación de rendir cuentas a cargo del responsable de la administración, manejo y custodia de recursos públicos de los órganos y entes, mediante los cuales se ejerce el Poder Público a nivel nacional, estadal, distrital y municipal, en la forma, oportunidad y ante el órgano de control fiscal que determine la Contraloría General de la República.

Para cumplir con este mandato de carácter legal, la Contraloría General de la República mediante Resolución N° 01-00-000167 de fecha 20 de agosto de 2014, publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 40.492 del 08 de septiembre de 2014, dictó las “Normas para la Formación, Participación, Rendición, Examen y Calificación de las Cuentas de los Órganos del Poder Público Nacional, Estadal, Distrital, Municipal y sus Entes Descentralizados”, en las cuales asignó la competencia para realizar el examen de las cuentas y otras actuaciones derivadas del mismo, además de la Contraloría General de la República, a los Órganos de Control Fiscal Externos e Internos de los Órganos del Poder Público Nacional, Estadal, Distrital, Municipal, y sus Entes Descentralizados.

En las referidas Normas se prevé, en los artículos 12, 13, 14 y 15 la responsabilidad atribuida al cuentadante de formar y participar la cuenta al órgano de control fiscal correspondiente, para su examen. Atendiendo la obligación que tienen las máximas autoridades de los órganos y entes de los Poderes Públicos, así como sus Cuentadantes o Responsables, se ha elaborado las presentes orientaciones, para que sirva como una guía en la preparación y formación de la Cuenta, que constituye el conjunto de libros, registros, comprobantes, estados financieros y demás documentos que demuestren formal y materialmente los actos de administración, manejo o custodia de los recursos (Ingresos, Fondos y Bienes) en un ejercicio económico financiero o período determinado, según corresponda, así como la información sobre la programación de metas y objetivos a alcanzar y los resultados de su ejecución. 
 Conclusiones

La rendición de cuentas es un principio fundamental y transversal de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, necesario para la consolidación de la contraloría social. El objetivo es demostrar que los recursos asignados fueron utilizados para los fines que se otorgaron y se manejaron con apego a los principios de eficiencia, eficacia, legalidad, transparencia, responsabilidad, honestidad y ética.

Desde la práctica, la rendición de cuentas es considerado el acto mediante el cual el que está obligado a rendir pone a disposición, todos los libros, registros y comprobantes que integran la cuenta, a los efectos de su correspondiente examen.  Por otra parte, se debe destacar que los sujetos obligados a la Rendición de Cuentas son los servidores y organismos públicos, pero también las empresas concesionadas para prestar servicios públicos y las organizaciones de la Sociedad Civil que ejercen recursos o realizan servicios públicos. Es decir, todo organismo, institución o individuo que en cualquier ámbito haya recibido recursos públicos para la realización de una determinada tarea se encuentra en la obligación de rendir cuentas, siendo esta facultad ejercida por organismos públicos de fiscalización o por los mismos ciudadanos.

Por su parte el control posterior, aplicado por los Organismos formales de control requiere identificar la naturaleza de los recursos transferidos, determinando la competencia de los mismos, y ordenando actuaciones fiscales en el Órgano que entregó el recurso.     Al ordenarse actuaciones fiscales se debe verificar el grado de observancia de las normas, políticas, e instrucciones establecidas por los órganos que transfieren los recursos, establecer el grado de desviación de las metas y evaluar la economía y calidad de las operaciones realizadas.


Referencias Bibliográficas

Ackerman, J. (2008). Más allá del acceso a la información: transparencia, rendición de cuentas y estado de derecho. México: Siglo XXI Editores s.a. de C.V. Disponible: http://books.google.co.ve/  [Consulta: 2016, mayo 22].
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 5453, marzo 24, 2000.
O´Donell, G. (2007) Disonancias: criticas democráticas. Buenos Aires: Prometeo libros.  Disponible: http://books.google.co.ve/ [Consulta: 2016, mayo 24].
Paredes, F. (2006). El presupuesto público: aspectos teórico-prácticos.  Publicaciones del Vicerrectorado Académico. Universidad de Los Andes: autor. Disponible: http://www.serbi.ula.ve/serbiula/librose/pva/Libros%20de%20PVA%20para%20libro%20digital/presupuesto%20publico.pdf [Consulta: 2016, mayo 23].
Ruelas, E. (2008). Participación ciudadana en la mejora de la calidad de los servicios de salud. Instituto Nacional de Salud Pública. México: Editorial Médica Panamericana. Disponible: http://books.google.co.ve [Consulta: 2016, mayo 25].
Wolff, B. (2010). El proceso de rendición de cuentas en los consejos comunales: una propuesta para su evaluación en el marco las organizaciones comunales del municipio Rangel del estado Mérida. (2006-2008) Disponible: http://pcc.faces.ula.ve/Tesis/Maestria/ [Consulta: 2016, mayo 27].


Sociedad, Poder, Contrato y Control


Posiblemente existan pocas expresiones en el lenguaje filosófico y político que se empleen con más frecuencia en la actualidad que las nociones de Sociedad y Estado. Lo que ha quedado claro en la revisión de lo  conceptos es que a la sociedad moderna no le quedan sino tres recursos para seguir funcionando: el dinero, el poder y la solidaridad;  siendo los dos primeros propios del mercado y el Estado, mientras que el último corresponde a la gente, donde la dimensión social alcanza el sentido real de participar. (Habermas, 2003).
La noción de Sociedad Civil tiene una connotación académica, técnica y sociológica de límites difusos y con distintas acepciones, existiendo consenso en que se trata de un concepto en evolución y contextualizado que no puede ser analizado fuera de la perspectiva que lo originó. El Estado, el mercado y la comunidad constituyen sus limitantes y complementos, cuyo comportamiento afecta, y se ve afectado por la Sociedad Civil.
Keane (2003), caracteriza la Sociedad Civil por estar legalmente reconocida y garantizada por el Estado, pero con recursos, valores y normas independientes de este último. De acuerdo a este autor la Sociedad Civil se define como un espacio dinámico y contextualizado de interacciones entre asociaciones y organizaciones, cuyos miembros participan voluntariamente en todos los procesos que involucran el desarrollo de la comunidad a la cual pertenecen, con el fin de mejorar su calidad de vida.
Fortalecer la sociedad civil significa concebir a los sujetos como auténticos protagonistas de su desarrollo, atravesando distintas fases que van desde la concienciación de sus carencias y necesidades, pasando por la motivación para buscar las respuestas necesarias, asociarse para llevar a cabo los cambios y transformaciones, hasta lograr un adecuado reparto y socialización del poder.
De acuerdo a Francés (2002),  empoderamiento es la idea de compartir poder y tomar decisiones a todos los niveles, teniendo como elementos constitutivos la autoestima, el desarrollo personal y la dignidad.  Este aumento en la influencia, poder y presencia de las organizaciones de la Sociedad Civil, genera una mayor responsabilidad y obligación de rendir cuentas públicamente, mejorando sus niveles de transparencia y legitimidad, mostrando toda la información en forma estructurada y justificada.
Las prácticas de empoderamiento se oponen, son el elemento inverso, a las relaciones verticales de poder vertido desde arriba, persiguiendo el objetivo de aumentar la participación individual y colectiva en movimientos o redes sociales activas. El poder puede entenderse como un activo propiedad del Estado o de la clase dominante, que lo ejerce para poder mantener el control y sellar su autoridad y legitimidad. En este sentido, el poder funciona en muchos niveles diferentes y está presente en los intereses contradictorios de distintos grupos dentro de un contexto en particular.
Solamente cuando se produce la apertura interna al Estado es posible ejercitar la influencia en sus procesos de toma de decisiones y ejercer atribuciones de control de las políticas públicas. A su vez solamente desde una actitud estatal de apertura se puede tomar conciencia de otras dimensiones del control social, que no se reduzcan a las formas convencionales de auditoría.
Por otra parte, el control social puede ser definido como el derecho y la obligación que tienen los ciudadanos, como miembros de una sociedad, de intervenir en forma directa o a través de sus representantes legítimamente elegidos, en el control de la gestión pública, y de velar porque las instituciones del Estado y sus gobernantes, en quienes han delegado el poder y la autoridad para dirigir la sociedad, utilicen y administren los recursos de forma honesta, equitativa, transparente y eficiente, en beneficio de toda la colectividad.
La participación y con ella el control social como una de sus expresiones, constituyen actualmente no sólo un requisito indispensable para la renovación y revitalización de las democracias, sino también una demanda de los ciudadanos quienes ya no se conforman únicamente en ser sujetos pasivos y meros clientes receptores de los bienes y servicios del Estado, sino que exigen, y cada vez con más fuerza, ser tomados en cuenta al momento de planificar las políticas, planes y programas que permiten satisfacer sus necesidades.
Como se aprecia la extensión del campo de acción del denominado control social es sumamente amplia, lo que motivó, casi desde sus orígenes una división entre sus corrientes o tendencias para el empleo tanto del vocablo como de su futura aplicación; se habla entonces del control social como control de la desviación o como conjunto de procesos de influencia y de presión, considerando el delito como una manifestación de la conducta desviada.
Este fenómeno pasa también a ser objeto de análisis de las teorías sobre el proceso social, donde se entrelazan las consideraciones del crimen como fruto de un aprendizaje social, el entendimiento de que todo individuo puede actuar criminalmente si el potencial delictivo que posee no es frenado por sutiles vínculos sociales que lo conducen al orden y por último la contemplación del delito como un subproducto del control social que previamente etiqueta y selecciona de manera discriminatoria, tanto las conductas como a sus autores, ubicándolos en un “status criminal”.
El criterio de responsabilidad se circunscribe a este concepto, requiriendo encontrar una respuesta a interrogantes como las siguientes: ¿quién es responsable y ante quién?, ¿de qué son responsables?, ¿cuáles son los procesos para rendir cuentas?,  y ¿cuáles son los efectos potenciales  de violar un determinado estándar?  La noción de responsabilidad se  encuentra definida como la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.
Sin embargo, en este concepto inmanente al Derecho  existen algunos complementos,  como la responsabilidad  personal,  la responsabilidad delegada y la responsabilidad de las consecuencias de los actos (Pineau, 1980). En la evolución del concepto,  producto de los diversos sistemas de pensamiento que le han dado uso, el termino trasciende lo jurídico para formar parte de la filosofía moral,  cambiando el objeto de la responsabilidad hacia lo  vulnerable,  trascendiendo aún más hacía una extensión ilimitada de su alcance en la vulnerabilidad futura del hombre y del medio ambiente.
El concepto moderno de responsabilidad es indisociable de los procedimientos políticos democráticos y de la constitución de un estado de derecho, en el cual la responsabilidad se convierte en un principio esencial.  Superado el precepto tradicional del Derecho que establece que no existe responsabilidad sin culpa,  se  entiende que ambas nociones corresponden a momentos distintos: la culpa corresponde al pasado y la responsabilidad al porvenir (Perdomo, 2002).
De tal forma que una responsabilidad no culpable sirve para asumir que se es responsable por lo que se ha hecho pero también por lo que se ha dejado de hacer, puesto que coloca el énfasis no en los resultados de la acción sino en la toma de decisiones mediante la cual se asume cualquier circunstancia bajo el calificativo de responsable. Tal como lo refiere Jonas (1997),  la responsabilidad  es  una función del poder: quién no tiene poder, no tiene responsabilidad.
Desde esta perspectiva, el contrato social, como teoría política, explica, entre otras cosas, el origen y propósito del Estado y de los derechos humanos. La esencia de la teoría (cuya formulación más conocida es la propuesta por Jean-Jacques Rousseau) es la siguiente: para vivir en sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social implícito, que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad completa de la que dispondrían en estado de naturaleza. Siendo así, los derechos y deberes de los individuos constituyen las cláusulas del contrato social. El Estado es la entidad creada para hacer cumplir el contrato.
En este marco teórico se puede entender la vinculación entre el  constructivismo estructuralista y el derecho cuando se revisa la existencia de clases sociales como conjunto de condiciones sociales de existencia que inducen a comportamientos específicos y estilos de vida y que son el  resultado de la posición ocupada en el espacio social según los capitales que se posean en el presente y la herencia social.
Dicha posición en el espacio social constituye las condiciones sociales de existencia, que dan lugar a distintos habitus, gustos, prácticas y estilos de vida. La ubicación en el espacio no viene dada fundamentalmente por el valor de las personas, sino por la trayectoria seguida por su familia.
Las ciencias sociales recibieron el siglo XXI con la presencia de la noción de complejidad, y de diferentes conceptos a ella asociados, para referirse a procesos de naturaleza social. De esta manera, el enfoque sistémico contemporáneo plantea una visión holística, que ayuda a analizar la realidad de manera integral permitiendo identificar y comprender con mayor claridad y profundidad los problemas, sus múltiples causas y consecuencias.
El pensamiento sistémico es una actitud, que se basa en la percepción del mundo real en términos de totalidad para su análisis y comprensión; integrando, tanto el análisis de las situaciones, como las conclusiones que nacen a partir de allí y proponiendo soluciones en las cuales se tienen que considerar diversos elementos y relaciones que conforman la estructura de lo que se define como sistema. (García, 2006).




Referencias Bibliográficas


Francés, F. (2002). Estrategias instituyentes de participación en el contexto de la globalización: el concepto de empoderamiento. Grupo de Estudios de Paz y Desarrollo. Universidad de Alicante. Disponible: http://www.iudesp.ua.es/documentos/empoderamiento.pdf  [Consulta: 2016, junio 6].
García, R. (2006). Sistemas complejos. Editorial Gedisa. Barcelona.

Habermas, J. (2003). La ética del discurso y la cuestión de la verdad. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. Disponible: http://www.philosophia.cl/biblioteca/habermas/Habermas%20-%20La%20%E9tica%20del%20discurso%20y%20la%20cuesti%F3n%20de%20la%20verdad.pdf [Consulta: 2016, junio 6].

Jonas, H. (1997).  Técnica, medicina y ética: sobre la práctica del principio de responsabilidad. Editorial  Paidos. España. Disponible: http://books.google.co.ve/ [Consulta: 2016, junio 7].

Keane, J. (2003). Democracia y sociedad civil,  Madrid: Alianza Editorial .

Pineau, J. (1980). Théorie de la responsabilité civile.  Montréal

Perdomo, C. (2002). Tópicos: para diferenciar culpa de responsabilidad. Disponible:

     http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/16655/1/responsabilidad_culpa.pdf [Consulta: 2016, junio 8].


Bases filosóficas, tecnológicas y praxis del Desarrollo Sustentable


No es posible encasillar un tema tan importante como la preocupación por el deterioro del medio ambiente y el cambio climático, y sus consecuencias presentes y futuras, en fundamentos teóricos, científicos o prácticos. Tal imposibilidad abarca también el tratar de delimitar dicho deterioro a las fronteras de cada país o sus consecuencias al grado de desarrollo que estos tengan o a las cifras de su Producto Interno Bruto.
Sin embargo, se insiste en esta falacia cuando la Organización de las Naciones Unidas en su Agenda 2015 para el Desarrollo Sostenible reconoce que cada país es el responsable de su propio desarrollo económico y social haciendo evidente el predominio de los intereses nacionales sobre los globales y la resistencia de los países industrializados a plantearse un cambio en los estilos de vida de sus sociedades.
Remontando esta historia inconclusa, el medio ambiente se convirtió en una cuestión de importancia internacional en 1972, cuando se celebró en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. Posteriormente, en la Cumbre de la Tierra del año 1992, en Río de Janeiro, se aprobaron tres grandes acuerdos en este tema: el Programa 21, un plan de acción mundial para promover el desarrollo sostenible; la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, un conjunto de principios en los que se definían los derechos civiles y obligaciones de los Estados; y una Declaración de principios relativos a los bosques.
El Programa 21 incluía propuestas en cuestiones sociales y económicas, como la lucha contra la pobreza, la evolución de las modalidades de producción y de consumo, la dinámica demográfica, la conservación y ordenación de los recursos naturales, la protección de la atmósfera, los océanos y la diversidad biológica, la prevención de la deforestación y el fomento de la agricultura sostenible. El seguimiento a este Programa se realizó en 2002 en la Cumbre de Johannesburgo, con la adopción de compromisos concretos con relación al Programa 21 y el logro del desarrollo sostenible o sustentable.
Para alcanzar semejante alianza global, los países industrializados y los países en desarrollo debían adquirir un conjunto de compromisos diferenciados y complementarios: el Norte, al reconocer que sus modelos de desarrollo y sus estilos de vida son los mayores causantes de los problemas ambientales más graves del planeta y que tendrían que traducirse en una transferencia de recursos nuevos y adicionales hacia los países en desarrollo, así como en una transferencia de tecnologías, en forma concesional o preferencial. El Sur, por su parte debía comprometerse a llevar a cabo los programas prioritarios acordados en Río para colocar estas sociedades en la senda del desarrollo sostenible y adoptar medidas adicionales de ser el caso para asimilar dichas transferencias.
Las dificultades de conciliar los intereses internacionales y los intereses nacionales, conclusión a la que se llega al evaluar las causas de los objetivos no alcanzados por el Programa 21, derrotaron la consigna que para resolver los problemas críticos del medio ambiente y el desarrollo, se necesita una solidaridad global. A esta conclusión se llega en la Agenda 2015 de la ONU y que lleva la evaluación de sus objetivos hasta el año 2030, junto con la erradicación de la pobreza, estado sin el cual no se podría lograr el desarrollo sustentable.
A nivel académico, el Desarrollo Sustentable ha sido definido como la capacidad de obtener niveles de crecimiento económico y progresos sociales con equidad, sin comprometer la base natural que sustenta la actual población y que permita satisfacer las necesidades de las futuras generaciones. A partir de esta definición se desprenden tres nociones de sustentabilidad: (1) sustentabilidad económica: comprende el uso del sistema de recursos naturales de tal forma que se genere rentabilidad razonable y estable a través del tiempo; (2) sustentabilidad social: se manifiesta en la compatibilidad de los objetivos de la organización con los valores culturales, éticos y religiosos; y (3) sustentabilidad ambiental o ecológica: mantenimiento, en forma indefinida, de las características principales del ecosistema en uso. (Bustillo, 2008).
La incorporación de la noción de sustentabilidad, como una de las características deseables y relevantes del desarrollo, que se propuso y ganó aceptación fundamentalmente en la segunda mitad de los años 80 y principios de los años 90 del siglo XX. A partir de entonces se incorporan dos elementos en las modernas Teorías del Desarrollo: el reconocimiento de que los sistemas económicos tienen que mantener en el tiempo la capacidad de satisfacer las necesidades humanas y que los objetivos económicos no pueden alcanzarse desvinculados de los sociales y los ambientales.
En el ámbito social, el tema tiene una connotación de supervivencia cuando para alcanzar determinados estándares de progreso se sacrifica la conservación del medio ambiente. A pesar de la importancia del tema, de las múltiples visiones que hacen uso del mismo para alcanzar cualquier tipo de objetivo que se proponga, en realidad los esfuerzos en su promoción no han alcanzado los resultados esperados. La causa principal de este retraso se encuentra en la separación, casi irreconciliable, entre los ámbitos científico, político y económico, que conforman los pilares en los que se fundamenta el desarrollo sustentable.
Si el estudio del desarrollo sustentable se aborda desde la perspectiva economicista, en la cual la naturaleza es vista como un instrumento en beneficio del hombre para ser explotada y mejorar la calidad de vida, la degradación de la naturaleza es vista como un proceso externo al mercado y las condiciones perfectas de este garantizarían la conservación de los recursos naturales.
Esta conclusión se obtiene luego de determinar que cuando el precio se eleva, el productor asumiría técnicas de conservación y se asegurarían la sustentabilidad de los recursos. Bajo esta visión, y a través de los mecanismos de globalización, los países industrializados mantienen los niveles de consumo mediante la explotación de recursos en países con menor nivel tecnológico mayor pobreza y dependencia tecnológica y cultural.
En el ámbito privado la noción de sustentabilidad se encuentra enmarcado en el concepto de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), definido como el proceso por el cual las empresas negocian su rol en la sociedad, lo que implica que es la sociedad en su conjunto es quien determina si una organización es o no socialmente responsable. Las bases fundamentales se asocian con: los diseños de productos amigables con el medio ambiente y la responsabilidad por el ciclo de vida completo haciendo especial hincapié en la recuperación, reciclaje, reutilización y disposición final de los productos o sus partes componentes.
Si re revisa el desarrollo sustentable bajo una perspectiva ecológica, se trata de un atributo del sistema socio-ecológico que defiende las condiciones originales del ecosistema, debido a que en la interacción sociedad- naturaleza, los seres humanos como colonizadores de los sistemas naturales alteran parámetros importantes de estos últimos. La discusión sobre la visión que se escoja es fundamental, ya que dependiendo del enfoque que prevalezca se diseñan y operativizan los instrumentos en política económica ambiental.
La definición operativa sobre lo que implica mantener la sustentabilidad del entorno natural no está exenta de críticas, pero supone asumir modalidades de producción y de consumo compatibles con los recursos naturales disponibles, que sean compatibles con las capacidades de asimilación de residuos y emisiones por parte del medio ambiente, y que permitan conservar las funciones de soporte de la vida, es decir, el equilibrio de los ecosistemas y los servicios que ellos prestan. La reorientación que esto implica supone modificaciones en la dinámica propia de los mercados, pero requerirá ser complementada con la intervención del Estado, a través del estímulo o la restricción en la producción de determinados bienes.
Es importante destacar que América Latina es considerada la zona más desigual del planeta. Muestra de tal situación son las estadísticas de distribución del ingreso y pobreza: el decil más acomodado de la población latinoamericana absorbe 40% del ingreso de la región, mientras que los tres deciles más pobres apenas alcanzan al 7,5%. La educación, en especial, aparece como nudo del problema, por los bajos niveles de preparación de la población y la mala distribución de los años de escolaridad de la fuerza laboral.   
El desarrollo tecnológico en este mundo globalizado es tan veloz, que las generaciones tecnológicas se acortan, presionando por nuevas estrategias y soluciones productivas que, a su vez, demandan nuevas capacidades en los trabajadores y reformas en los sistemas educativos y de formación laboral. Para sobrevivir se requiere el manejo de los procesos de cambio tecnológico para responder a la aparición de nuevas profesiones y ocupaciones junto a la desaparición o transformación de otras, al creciente grado de automatización de los procesos productivos, a la informatización de los servicios y al avance producido en las comunicaciones. (Fe y Alegría, 1999)
La ciencia y la tecnología han sido fuerzas importantes detrás de las tendencias positivas y negativas de desarrollo. Aunque por sí misma la Ciencia y la Tecnología no puede lograr el objetivo de una mayor sustentabilidad, ya que los individuos y las instituciones deben elegir si y cómo usar la información y el conocimiento producidos por ella, es esencial para proporcionar opciones e informar las decisiones que permitan a la sociedad moverse hacia sendas más sostenibles. Al hacerlo, sin embargo, es importante examinar estrechamente las maneras como las instituciones sociales, los procesos y valores dan forma a las prioridades de investigación y desarrollo, y las condiciones bajo las cuales sus beneficios potenciales pueden cosecharse.
En este sentido, y sobre la base de “regreso a lo local” que asegura la ONU para el 2030, la sustentabilidad no se puede interpretar como simplemente referida al manejo racional del medio ambiente, sino que debe aludir a un proceso de desenvolvimiento social basado en la interacción constructiva y sinérgica de las dimensiones ambiental, económica, productiva, sociocultural y política, sobre la base tecnológica e institucional de la sociedad, respetando y motivando las diferencias culturales, enriquecidas a través de la comunicación y el sentido de tolerancia.
Sustentabilidad implica un crecimiento económico con equidad social; la plena participación ciudadana en convivencia pacífica en la diversidad cultural y en armonía con la naturaleza; y la transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo respetando el equilibrio y mejorando la base ecológica que se recibe.
En este sentido la Organización de las Naciones Unidas insiste en que la pobreza va más allá de la falta de ingresos y recursos para garantizar unos medios de vida sostenibles. Entre sus manifestaciones se incluyen el hambre y la malnutrición, el acceso limitado a la educación y a otros servicios básicos, la discriminación y la exclusión sociales y la falta de participación en la adopción de decisiones.

Coincidimos en que este es el objetivo, lo que seguirá siendo tema de debate es cómo lograrlo; sin embargo, resulta preocupante que una de las causas que da la Organización de las Naciones Unidas sobre el escaso éxito que han tenido las políticas públicas para erradicar la pobreza, sea la falta de transparencia de las instituciones públicas (ONU, 2015). Esperaremos las conclusiones del 2030.


Planificación Empresarial



1.         Introducción

En todo tiempo y lugar la sociedad ha organizado su funcionamiento de acuerdo a un plan determinado, sin embargo, el carácter científico de la planificación surge durante el siglo XIX, ligado a la evolución del conocimiento y a su aplicación en distintos contextos.  Antes del siglo XIX, había prevalecido un tipo de planificación distinto, que tendía a imponer un orden racional, euclidiano sobre las formas orgánicas de la naturaleza, siendo los ingenieros y arquitectos sus principales practicantes.
Desde la práctica, es a partir de la gestión industrial cuando Taylor y Fayol intentan disminuir el empirismo en las empresas mediante un método científico en el que interviniera la planificación como función e instrumento de la dirección. Las raíces ideológicas de la planificación se encuentran en los trabajos de Saint-Simón y Comte, en los que por primera vez, toma la forma de una ciencia al servicio de la humanidad.
Matus (1972) afirma que, la planificación se inserta en América Latina en la década de 1940 y aparece como el proceso intelectual que explora el futuro mediante una metodología de proyecciones, contrastando con lo acontecido en los países socialistas y con el inicio de la planificación en la Europa de la postguerra. Bajo el sistema capitalista, en los países desarrollados, se utiliza la planificación como mecanismo de cálculo que implementa la orientación al corto plazo basada en el mercado. En los países subdesarrollados en cambio, afirma Matus, la planificación surge como un proceso a largo plazo dirigido a comprender el subdesarrollo para lograr el desarrollo.
Para Saavedra (2003), se pueden apreciar tres grandes enfoques o corrientes de pensamiento relacionadas con la planificación. En primer término, la corriente relacionada con la teoría de la toma de decisiones racionales, la cual hace énfasis en identificar y solucionar problemas, analizar y seleccionar alternativas de solución maximizando la función objetivo sujeta a una serie de restricciones, por lo cual debe seleccionarse la alternativa u opción que contribuya de mejor manera a resolver el problema de forma coherente con la visión, los objetivos, las metas deseadas y posibles y los recursos disponibles.
En segundo lugar se encuentra el enfoque que considera a la planificación no solo como el proceso técnico, sino también político, facilitador de la participación y concertación entre los distintos actores sociales, ya que planificar y gobernar depende recíprocamente, proporcionándole un carácter lógico a las decisiones políticas.   El tercer enfoque se basa en la teoría de los sistemas, utilizando la informática y los sistemas de información para entender las relaciones de interdependencia entre la realidad y los subsistemas que lo integran.
2.         La Planificación empresarial
Considerando los distintos enfoques sobre planificación, la evolución histórica y adaptación al contexto de este concepto, se deducen algunos elementos comunes  de aplicación general como: (a)  la planificación es una anticipación al futuro, definida como un intento de  predecir la cadena de consecuencias causa efecto en el tiempo, no se trata de la toma de decisiones para el futuro, sino de analizar el futuro para fundamentar decisiones del presente, y (b) la incertidumbre de lo que pueda ocurrir en el futuro exige que la planificación deba definirse como una estructura flexible que integra planes, programas y actuaciones que afectan a los distintos niveles y personas,  reflexionando en lo que funciona y en lo que no funciona en la situación presente.
 De tal manera que la planificación es un proceso continuo y unitario que se desarrolla a través de tres sub-procesos secuenciales: el analítico, el normativo y el operativo; conteniendo una dimensión ideológica, consecuencia de las opciones subjetivas que se tienen que tomar, concentrándose las diferencias, no tanto en las técnicas de planificación, como en el estilo de desarrollo que ellas propongan.
La estrategia empresarial toma impulso en los años cincuenta, cuando los temas importantes en esta área giraban en torno a las finanzas y el control presupuestario, evolucionando hacia las estrategias de innovación y crecimiento en la medida en que las nuevas tecnologías dinamizan los escenarios de competencia empresarial. A nivel de las organizaciones se considera fundamental que los directivos de la empresa fijen tanto los valores, misiones, visiones y objetivos a largo, mediano y corto plazo.
De tal forma, se podrán fijar las metas a realizar dentro de determinados períodos de tiempo a los efectos de hacer factible objetivos superiores. Los valores, misiones y visión de la organización resultan de importancia fundamental a la hora de juzgar las diversas estrategias a implementar en función de su compatibilidad o no con los objetivos superiores de la empresa. No planificar es planificar para el desastre.
Las funciones de la gerencia en organizaciones competitivas, y que aprenden, pueden agruparse en escenarios que incluyen la Planificación y la Gestión. De hecho una de los mayores avances en el área de la planificación es la creación de la planificación estratégica automatizada que consiste en permitir una evaluación rápida de las consecuencias financieras de muchos supuestos que permiten a las organizaciones analizar el impacto potencial de diversas estrategias alternativas, siempre bajo la premisa que establece que “no planificar es planificar para el desastre”.
De acuerdo a Fernández (2004), en la actualidad existen una gran cantidad de modelos de planificación y dirección estratégica, siendo uno de los pioneros el desarrollado por Stanford Research Institute, entre 1960 y 1970 a raíz de una investigación realizada con la lista de 500 empresas de la revista Fortune. De acuerdo a este esquema el proceso de planificación consta de las siguientes fases: (1) fijación de fines: misión, visión valores, políticas; (2) análisis externo del sector, (3) análisis externo de los productos y del mercado; (4) análisis interno de los temas estratégicos: inventario, jerarquización, selección y análisis de los temas estratégicos; (5) análisis interno: presentación de varias herramientas para su análisis.
Las primera cinco fases constituyen lo que tradicionalmente se ha llamado análisis o diagnóstico de la situación, fase de importancia fundamental por la cantidad de información que puede recogerse sin saber exactamente qué hacer con ella. En cuanto al análisis externo, el modelo más conocido y eficaz es el de las cinco fuerzas de Porter, en el cual se califican las cinco fuerzas que intervienen en el mercado como: la amenaza de nuevos entrantes, las rivalidades de los competidores actuales, la amenaza de aparición de productos en la competencia, el poder de negociación de los clientes y el poder de negociación de los proveedores.
Para el análisis externo de los productos y mercados se utilizan dos modelos: la curva de la fase de vida de los productos y la matriz de productos-mercado de Ansoff. En cuanto al análisis interno la herramienta más difundida es el Modelo FODA (en Latinoamérica por sus siglas: Fortalezas, Oportunidades, Debilidades, Amenazas
 Las fases sucesivas del Stanford Research Institute son: (6) previsiones y escenarios, (7) alternativas estratégicas, (8) matrices de cartera, (9) reflexión estratégica. Las fases 6 a la 9 del Modelo de Stanford es lo que generalmente se denomina: Determinación de las premisas. Esta fase corresponde suposiciones consistentes, para realizar los pronósticos del futuro, fijar las políticas clave y desarrollar los planes de la empresa.
Las últimas fases del Modelo de Stanford son: (10) planes contingentes, (11) programas y presupuestos, (12) sistemas de información, y (13) organización para la planificación. En la fase 10 se investigan y determinan los posibles planes alternativos, se evalúan y se escoge el mejor. Las fases 11 a la 13, constituyen el final del proceso convirtiéndose todos los planes en números, materializándose la acción planificada, para su posterior evaluación.
Existen algunos principios orientadores en todo proceso de planificación: (1) principio del factor limitante: cuanta mayor exactitud muestren los individuos para escoger y resolver aquellos factores que son limitantes, con más exactitud y facilidad podrán seleccionar la alternativa más favorable; (2) principio del compromiso: debe abarcar un periodo necesario para cumplir los compromisos; (3) principio de flexibilidad: la integración de la flexibilidad disminuirá el peligro de pérdidas ocasionadas por sucesos inesperados; y (4) principio del cambio navegacional o del cambio de rumbo: según este principio a mayor compromiso más necesaria la verificación periódica de los sucesos y expectativas. (Koontz y O´Donnell, 1974)
Otros principios fundamentales son la unidad: integración de los diferentes planes para obtener un todo orgánico, coherente y compatible; previsión: análisis del pasado, presente y futuro; continuidad: no tiene fin, pues la realidad obliga a planificar con nuevos objetivos al alcanzar los anteriores; racionalidad: selección de la alternativa de mayor factibilidad, la más coherente, aquella que permita maximizar los recursos disponibles; inherencia o inmanencia: necesaria para cualquier organización para alcanzar sus objetivos y metas; simplificación y estandarización: las metas deben ser simples y los productos y procedimientos deben tratar de estandarizarse. (Fernández, 2004).
3.         Conclusiones
La  planificación representa la base sobre la cual se alcanza el éxito de las empresas, permite conocer cuales la acción necesaria para alcanzar los resultados deseados y cuáles son los elementos básicos que se necesitan para llevar a cabo las operaciones, disminuye el costo de las operaciones, permite una organización adecuada de los procesos, reduce el trabajo improductivo, se logra acortar el tiempo en que deberían realizarse la operaciones de la empresa y facilita la delegación de autoridad.
En este sentido uno de los mejores usos de la planificación en el ámbito organizacional es la eliminación del desperdicio. Desperdiciar las capacidades, recursos, e inclusive desperdiciar las oportunidades de generar riqueza, así como también el despilfarro del más importante de todos los recursos: el tiempo, debe ser no sólo tenido muy en cuenta por todos los integrantes de la organización, sino que además debe ser objeto de una política concreta tendiente a su eliminación. No hacerlo impide un mayor nivel para la empresa y sus integrantes, sino que de ello depende también la continuidad de la misma y por tanto de los puestos de trabajo.
          Menores niveles de desperdicios implica mayor calidad, más productividad, menores costos y por tanto menores precios, ello genera tanto un mayor consumo por parte de los consumidores locales, como una mayor demanda extranjera, lo que implica mayor cantidad de puestos de trabajo y a su vez mayores ganancias para las empresas y mayor consumo interno.
          Así pues, desperdicio en este contexto es toda mala utilización de los recursos y posibilidades de las empresas. Se desperdicia tanto horas de trabajo, por ineficacia en la programación y planificación de las tareas, como también se desperdician posibilidades de ganar nuevos mercados por carecer de productos de calidad o por exceso en sus costos de producción.  
Superar estos despilfarros requiere de una mejora tanto en la calidad, como así también en las labores de mantenimiento, mejora en los procedimientos de preparación, la mejor selección y contratación a largo plazo con los proveedores, y un mejor recorrido de los insumos y partes durante el proceso productivo. Por otro lado se requiere de un continuo proceso de simplificación, para lo cual es fundamental mejorar de manera constante los niveles de calidad y productividad vía la mejora continua.
          A su vez, la mejora continua requiere de un proceso de capacitación y entrenamiento que permita al personal comprender, entender y tomar conciencia de los distintos tipos de despilfarros, y la forma en cada uno de ellos debe ser superado. Para todo ello, es de fundamental importancia la mejora en los procesos de planificación.
          Por otra parte, sólo contando con un sistema altamente eficiente y eficaz en materia de información, podrán monitorearse y adoptarse las medidas conducentes a corregir los desvíos propios de los procesos y actividades de la empresa. El personal de primera línea debe también contar con información en tiempo y forma, a los efectos de saber que tan bien se está desarrollando el proceso, y que tan productiva resulta su labor.
          Drucker (2002) afirma que la mejor manera de prever la incertidumbre del futuro es construirlo. Resulta, entonces, de extrema importancia para la supervivencia de las organizaciones la existencia de mecanismos que garanticen la transparencia del proceso administrativo que comienza en un ciclo continuo con la planificación para desembocar en el control y evaluación de resultados.

Referencias Bibliográficas

Drucker, P. (2002). La gerencia en la sociedad futura. Editorial Norma: Bogotá.
Fernández, A. (2004). Dirección y Planificación Estratégica en las Empresas y organizaciones. Editorial Díaz de Santos: Madrid.
Matus, C. (1972) Estrategia y plan. Siglo XXI editores S.A. de C.V. Madrid, España.

Saavedra, R. (2003). Planificación del Desarrollo. Colombia. Fundación Universidad de Bogotá. Colombia


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