“La educación no es aprender datos, sino entrenar la mente para pensar”
A primera vista, la Organización de las Naciones Unidas establece en sus Objetivos de Desarrollo sustentable, como estrategias para erradicar la pobreza, lo siguiente:
"Uno de los principales retos consiste en mejorar la calidad del aprendizaje y la enseñanza. Las técnicas cognitivas, las competencias básicas y las aptitudes para la vida, así como valores y actitudes positivas, son indispensables para el desarrollo a nivel personal, comunitario y local. En un mundo en el que la adquisición, uso e intercambio de conocimientos resulta cada vez más importante para luchar contra la pobreza y lograr el desarrollo social, la necesidad de obtener resultados con un aprendizaje de calidad se ha convertido en una condición indispensable para poder compartir los beneficios de la creciente prosperidad.
Lo que los niños se llevan consigo de la escuela y lo que los jóvenes y adultos adquieren en los programas de aprendizaje no estructurado debería permitirles aprender a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos, como se señala en los cuatros pilares del informe Delors de 1996 intitulado La educación encierra un tesoro.Los gobiernos se muestran cada vez más preocupados por la baja calidad de la educación.
Un número cada vez mayor de países en desarrollo participan en evaluaciones de aprendizaje internacionales y regionales, y realizan sus propias evaluaciones. La evidencia muestra que hasta un 40% de los estudiantes no alcanzan los niveles mínimos de aprendizaje en lengua y matemáticas. Los alumnos de un origen socioeconómico más privilegiado y aquellos que tienen acceso a los libros obtienen mejores resultados que aquellos procedentes de hogares más pobres que tienen menos acceso a materiales de lectura".
En una segunda vista del tema, estos axiomas que parecen la salida lógica tienen sus detractores: "...ese manejo de la estructura de opciones tiene un límite que es la propia estructura. Es decir: el mercado de técnicos en informática tiene un límite preciso de acuerdo a las necesidades de producción de las empresas y los posibles nichos de mercado. Por más que todos los niños reciban un laptop de bajo costo para familiarizarse con esa tecnología, esto está muy lejos de garantizar nada.
Esto se nota claramente en las clases medias bajas, donde proliferan los hijos abogados, escribanos, médicos, maestros, que no logran una adecuada inserción laboral y por lo tanto mantienen un vínculo de dependencia con la generación de sus padres. En el momento de la toma de decisiones de estudio, quizás la opción fue la más adecuada, pero los lugares posibles para la inserción profesional se vieron limitados por el devenir propio del mercado laboral dentro del sistema capitalista".
"La pobreza de amplias capas de la sociedad, no se modifica. ¿Por qué? Porque el mayor nivel de gastos en políticas sociales y mejores medios y modos (siendo generosos en la evaluación de los mismos) de educación no modifican -volvamos al nivel de los actores sociales luego de una mirada sistémica- las “estructuras de opción” de los pobres. Estos siempre estarán a merced de los propietarios de los medios de producción, cuya riqueza, mal que les pese a los revolucionarios arrepentidos, se genera a partir del plusvalor del trabajo. El hombre pobre, la mujer pobre, en todo caso, al aumentar el gasto en políticas sociales focalizadas puede tener algunas opciones más dentro de su estructura de opciones, y si a esto se suma una educación mejor sostenida económica y técnicamente, puede hacer un uso mejor de esas opciones".
"El sistema capitalista necesita a los pobres y a la pobreza. Desde una mirada funcionalista actual podría decirse que el vaivén derecha-izquierda dentro del marco del modo de producción capitalista se parece a una operación autopoiética de la sociedad, una adaptación autogenerada para evitar su disolución -la disolución del capitalismo- y perpetuar la dominación del capital sobre los seres humanos y sobre la naturaleza. Decir que se va a “luchar contra la pobreza” entregando computadoras portátiles a los niños escolares, o aumentando llanamente el gasto en educación (de modo focalizado o universalista) sin tocar en lo más mínimo el modo en que se produce la pobreza, se parece más bien a una lucha contra los pobres".
Por si fuera poco "El Banco Mundial enfatiza “la baja calidad promedio de los profesores de América Latina y el Caribe”, lo que constituye el principal obstáculo al avance de la educación en el continente. Los contenidos académicos son inadecuados y las prácticas ineficientes. Poco y mal formados, los profesores consagran apenas el 65 % del tiempo de clase a la instrucción, “lo que equivale a perder un día completo de instrucción por semana”. Por otra parte, el material didáctico disponible sigue siendo poco utilizado, particularmente las nuevas tecnologías de información y comunicación. Además, los profesores no logran imponer su autoridad, mantener la atención de los alumnos y suscitar la participación.
El Banco Mundial señala que “en la actualidad, ningún sistema escolar latinoamericano, con la posible excepción del de Cuba, está cerca de mostrar los parámetros elevados, el fuerte talento académico, las remuneraciones altas o al menos adecuadas y la elevada autonomía profesional que caracterizan a los sistemas educativos más eficaces del mundo, como los de Finlandia, Singapur, Shanghái (China), República de Corea, Suiza, Países Bajos y Canadá”.
Para colmo de males, este análisis pega a la vista como una realidad sin cuestionamientos: "La teoría de “la cultura de la pobreza”, que sugiere que la pobreza es el resultado de una falta de recursos y habilidades sociales debida al proceso de enculturación o socialización, podría resumirse diciendo que los pobres siguen siendo pobres porque la mayoría de ellos participan en una cultura de la pobreza que los imposibilita para salir de ella. “El pobre aprende a ser pobre y así configura su personalidad en un peculiar proceso de socialización al interior de la cultura de la pobreza que garantiza su permanente fracaso frente al sistema establecido” (Martín Baró, 1989, pág. 85). El niño aprendería desde el comienzo a fracasar una y otra vez, a no lograr nada, y así aprendería que no vale la pena intentar nada, esforzarse por lograr algo que nunca conseguirá.
El problema es que una vez adquiridas esa falta de autoeficacia, una autoestima baja y hasta un sentimiento de fatalismo, esos mismos rasgos contribuyen poderosamente a que, efectivamente, tengan unos bajos niveles de aspiración, un bajo rendimiento (por ejemplo en la escuela) o una realmente baja autoeficacia, con lo que difícilmente podrán no perder y no seguir siendo pobres".
Por si fuera poco "El Banco Mundial enfatiza “la baja calidad promedio de los profesores de América Latina y el Caribe”, lo que constituye el principal obstáculo al avance de la educación en el continente. Los contenidos académicos son inadecuados y las prácticas ineficientes. Poco y mal formados, los profesores consagran apenas el 65 % del tiempo de clase a la instrucción, “lo que equivale a perder un día completo de instrucción por semana”. Por otra parte, el material didáctico disponible sigue siendo poco utilizado, particularmente las nuevas tecnologías de información y comunicación. Además, los profesores no logran imponer su autoridad, mantener la atención de los alumnos y suscitar la participación.
El Banco Mundial señala que “en la actualidad, ningún sistema escolar latinoamericano, con la posible excepción del de Cuba, está cerca de mostrar los parámetros elevados, el fuerte talento académico, las remuneraciones altas o al menos adecuadas y la elevada autonomía profesional que caracterizan a los sistemas educativos más eficaces del mundo, como los de Finlandia, Singapur, Shanghái (China), República de Corea, Suiza, Países Bajos y Canadá”.
Para colmo de males, este análisis pega a la vista como una realidad sin cuestionamientos: "La teoría de “la cultura de la pobreza”, que sugiere que la pobreza es el resultado de una falta de recursos y habilidades sociales debida al proceso de enculturación o socialización, podría resumirse diciendo que los pobres siguen siendo pobres porque la mayoría de ellos participan en una cultura de la pobreza que los imposibilita para salir de ella. “El pobre aprende a ser pobre y así configura su personalidad en un peculiar proceso de socialización al interior de la cultura de la pobreza que garantiza su permanente fracaso frente al sistema establecido” (Martín Baró, 1989, pág. 85). El niño aprendería desde el comienzo a fracasar una y otra vez, a no lograr nada, y así aprendería que no vale la pena intentar nada, esforzarse por lograr algo que nunca conseguirá.
El problema es que una vez adquiridas esa falta de autoeficacia, una autoestima baja y hasta un sentimiento de fatalismo, esos mismos rasgos contribuyen poderosamente a que, efectivamente, tengan unos bajos niveles de aspiración, un bajo rendimiento (por ejemplo en la escuela) o una realmente baja autoeficacia, con lo que difícilmente podrán no perder y no seguir siendo pobres".
Mi máxima en estos asuntos es la siguiente: No creo en definitiva que todo sea mentira, lo que sucede es que nadie conoce la verdad... pero nos esforzamos por encontrarla.



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