La estructura y procesos de una organización deben ser apropiados a su contexto (características de la cultura de la organización, entorno, tecnología, tamaño o tareas), si quiere sobrevivir o ser eficaz. Cada época produce una forma de
organización adecuada a su tiempo. como se acoto debido a la necesidad de ser eficaces para realizar
tareas específicas, pero también por su capacidad para reforzar el control.
Por lo tanto, es necesario evaluar las tecnologías en
términos de su productividad; en tal sentido ya no se ve el cambio tecnológico
como sinónimo de progreso, sino como el factor que ha llevado a que en estos
últimos años se perciban olas de desarrollo humano y organizacional que distan
de semejarse a las nacidas en el pasado.
Se impone
entonces, la necesidad de flexibilizar las formas y los métodos de organizarse,
esto es, propiciar la innovación en un entorno que exige una gran velocidad de
respuesta, así como una mayor capacidad de renovar rápidamente productos,
procesos, habilidades y competencias, lo que implica aprender de manera expedita. A pesar de que la estabilidad y la formalización
se necesitan para la eficiencia en el corto plazo, la flexibilidad y la
espontaneidad son necesarias para hacer frente al ambiente turbulento que se
vive actualmente.
Se trata de organizaciones que colaboran
entre ellas a fin de comprender y gestionar el mundo y el entorno que los
envuelve. Así, la nueva empresa debe ser una
comunidad que persiga el desarrollo integral de las personas, una comunidad que
favorezca la innovación y la creatividad, una organización que entienda
conceptos como el análisis, la autoridad, la obediencia o el liderazgo de forma
más flexible. Se basarán no solo en el conocimiento y la
flexibilidad, sino también en la denominada cultura de la innovación, en el
binomio tecnología-trabajo, transparencia y participación, rapidez,
permeabilidad, espontaneidad, calidad y la presencia de nuevas estructuras
organizacionales.
De esta forma, se dedicarán en primera
instancia a definir la causa última de sus problemas de negocios desde la
perspectiva de los procesos, para luego seleccionar la combinación apropiada de
estructuras organizacionales disponibles a nivel estratégico, organizacional y
táctico, sin buscar crear una estructura de talla única. Si resulta
cierta la premisa de que “cada época produce una forma de organización adecuada
a su tiempo”, no resulta extraña la preocupación manifestada por la Unesco en
“Hacia las sociedades del conocimiento” (2005), cuando establece que es
innegable la brecha no solo tecnológica, sino también cognitiva que separa a
los países desarrollados de los países emergentes.
Por otra parte, quizás por tratarse de casos
puntuales, solo se considera la relación mercado-gerencia, pero en economías
sujetas a control gubernamental, se debe agregar un tercer actor a ese binomio,
de cuya actuación depende en buena medida las decisiones gerenciales. Por último,
queda aún más clara la separación entre la administración privada y la pública.
Aun cuando la gerencia privada se acerca cada vez más a valores que
tradicionalmente deben pertenecer a la gerencia pública como el carácter
humanista, la colaboración, trasparecía y participación, así como el interés
por el bienestar del ser humano; al mismo tiempo se aleja cada vez más puesto
que la Administración pública es por definición normativa y de estructura
rígida, más que nada por la asignación de funciones y las responsabilidades que
se deben asumir en el cumplimiento de las mismas.
Referencia Bibliográfica
Unesco (2005). Hacia
las sociedades del conocimiento. Disponible: http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001419/141908s.pdf




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