Análisis sobre “El Mercader de
Venecia”
En la obra teatral El Mercader de Venecia,
escrita por Shakespeare entre 1594 y 1598, existe una extraordinaria relación
jurídico literaria; en primera instancia, por los personajes principales y
secundarios, (Shylock, Antonio, Basanio, Porcia); en segunda instancia, por el
medio ambiente en que se desarrolla esta obra jurídico teatral (Venecia ciudad
portuaria de mercaderes y en el Tribunal de Venecia); y en tercera instancia,
por el nivel socioeconómico de los personajes, es decir, porque varios de estos
personajes gozan de reconocimiento social y prestigio económico.
Frente a los personajes principales, sobre los cuales gira este drama
teatral, es de resaltar las características de todos para hacer una correlación
jurídica. Antonio es un mercader rico, generoso, exitoso y cuyos negocios mercantiles
los realiza en otras tierras, utilizando sus navíos, lo que le produce grandes
ganancias económicas; pero la fortuna y la riqueza no son suficientes para él, y
se encuentra sumergido en una inmensa tristeza, lo cual lo lleva a encontrar
simpatía y cariño por su amigo Basanio.
Basanio es un hombre joven, impetuoso, de buena vida e impulsivo; pero
que ha malgastado su fortuna, es decir, es todo un caballero pero carente de
bienes y está enamorado de una bella y rica heredera llamada Porcia, quien
vivía en un lugar algo distante de Venecia llamado Belmonte. Para conquistarla,
Basanio debía rivalizar con los otros pretendientes para merecer su amor y
participar en el juego de las tres cajas de oro, plata y plomo, y de esta
manera dar con el secreto para obtener su mano, y de paso, su fortuna. Por esta
razón, es que en este cortejo Basanio debe demostrar que es un hombre pudiente,
que tiene hacienda y riqueza.
Para salir victorioso en este plan, es que acude a su amigo Antonio para
que le preste dinero, pero como Antonio tiene toda su riqueza en el mar
autoriza a Basanio para que empeñe su crédito, hasta donde alcance, aventurando
toda su fortuna en pro de su amistad y acuden a solicitar un préstamo al viejo judío
usurero llamado Shylock, quien le presta a Basanio 3.000 ducados, y el fiador
iba a ser Antonio. Ahora bien, Shylock aparte de ser viejo, judío y usurero odiaba
a Antonio.
Para sellar ese préstamo, Shylock le dice a Antonio que firmen un
contrato donde se comprometa a que si para el día acordado no había pagado,
debía entregar una “libra justa de vuestra carne”, cortada por Shylock, del
sitio del cuerpo de Antonio que mejor le pareciere. Este contrato celebrado
entre el cristiano Antonio y el judío Shylock saca a relucir un proceso, una
venganza privada, una vindicta pública y la aplicación de un derecho canónico.
Otro de los personajes principales e igualmente importante es Porcia, la
rica y bella heredera de una fortuna que estaba sujeta a la voluntad de su
difunto padre quien había establecido el juego de los tres cofres de oro, plata
y plomo, al que se debían someter los pretendientes que quisieran merecer el
amor de su adorada hija. Ahora bien, Porcia no es solo una bella y rica heredera
sino también es el personaje que encarna al joven abogado, Doctor de Padua,
llamado Baltasar, recomendado por el Doctor Belario
Otra de las aristas que hay que tener en cuenta es el medio ambiente en
que se desarrolla esta obra jurídica teatral, es decir, la ciudad y el Tribunal
de Venecia. Venecia es una ciudad portuaria, fundada hacia mediados del Siglo V,
d.C., levantada sobre pequeñas islas de la mar Adriático, rodeada de lagunas. A
partir del siglo xv, Venecia se convierte en una potencia que surgía de su
pasado Bizantino, es una ciudad pujante, comercial, políticamente importante
que reunía una fusión original que la llevó, en los siglos XV y XVI, al apogeo
de su poder.
Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el nivel socio-económico de
los personajes, es decir, el reconocimiento social o el prestigio económico de sus
personajes. Cuando se analiza ese reconocimiento social que tenían Antonio y
Shylock se observa que dicho reconocimiento es antagónico, es decir, mientras
Antonio goza de buena reputación, fama y fortuna, por el hecho de ser cristiano
y por el hecho de ser un exitoso mercader; Shylock, a pesar de ser un hombre
adinerado, goza de repudio, de desprecio, de desdén social por el hecho de ser
judío y por haber logrado su capital o dinero a costa de usura o préstamo a
interés.
Ahora bien, ante los hechos únicamente caben dos soluciones: o permitir
que cada uno persiga su defensa y busque aplicar lo que entienda ser su
justicia, personal y directamente; o atribuir al Estado la facultad de dirimir
tales controversias. El judío pide justicia porque se ha presentado un “hecho”,
y el hecho es que su deudor ha incumplido el negocio jurídico que celebraron, y
por lo tanto, él en su calidad de acreedor tiene derecho a que se haga
justicia. Es de resaltar que cuando se pide justicia es porque se está actuando
bajo el precepto de lo que se pide o de lo que se solicita, es lo que se
considera justo.
Todo esto lo manifiesta Shylock cuando van por una calle de Venecia,
camino al Tribunal, con Salanio, Antonio y un carcelero; y ante estas
afirmaciones del judío, Salanio dice que no cree que el Dux consienta que se
cumpla ese contrato; a lo que Antonio le manifiesta que el Dux tiene que
cumplir la Ley, porque el crédito de la República perdería mucho si no se
respetasen los derechos del extranjero.
Toda la riqueza, prosperidad y esplendor de esta ciudad depende de su
comercio con los extranjeros. Es decir, el judío acreedor sabía que aunque lo
que pedía era “injusto”, su pedimento estaba ajustado a la ley; y al estar
ajustado a la ley, su pedimento se volvía “justo”. Por otra parte, la venganza
e igualmente la venganza privada esta comúnmente ligada a las pasiones,
ímpetus, exaltaciones, impulsos, arrebatos o furias, es decir, actitudes o
comportamientos que son la respuesta al daño o al dolor causado e infringido, y
que tiene aplicación desde tiempos inmemorables.
Venganza, pero venganza privada es lo que quiere Shylock, y así lo deja
entrever cuando el Dux lo cuestiona para que responda sobre lo que si realmente
quiere es hacer alarde de piedad luego de que la sentencia se pronuncie. Aquí
se introduce la vindicta y la manumisión que era el modo y el nombre que se le
daba en Roma al proceso de pasar de esclavo a libre, y para pasar de esclavo a
libre había dos formas manumisión: modos solemnes y modos no solemnes.
Dentro de los modos solemnes se encuentra la vindicta, el censo y el
testamento; y dentro de los modos no solemnes se encuentra, principalmente, la
manumisión por cartas, entre amigos y por un mensajero. Teniendo en cuenta lo
anterior, lo valido es afirmar que venganza no es sinónimo de vindicta y, que
vindicta es conceptualmente muy diferente a venganza.
Esta conclusión no solo es idiomática o lingüística, sino es conceptual,
ya que Shylock inicialmente cuando ve que puede hacer efectiva la cláusula del
contrato por el no pago de su acreencia, pidiendo y exigiendo justicia al Dux
para satisfacer su venganza privada, convierte esta venganza privada en una
vindicta pública, toda vez que día y noche pide justicia al Dux, amenazando,
sino se le hace justicia, con invocar las libertades del Estado.
Esta vindicta pública es la que se desarrolla y lleva a cabo en el
Tribunal de Venecia, en primera instancia, cuando Shylock pide que se cumplan
las condiciones del contrato. Cuando Porcia, disfrazada del Joven Dr. Baltasar,
y después de que se ha anunciado la sentencia en contra del Cristiano Mercader
Antonio, le dice al judío Shylock que el contrato le otorga una libra de su
carne, pero ni una gota de su sangre y que tome la carne, que es lo que te
pertenece, pero si derrama una gota de su sangre, sus bienes serán confiscados conforme
a la ley de Venecia, se cumple el precepto de que justicia pides, justicia
tendrás.
Ante esta dicotomía a la que se ve enfrentado Shylock si le da cabal
cumplimiento a la sentencia, es decir, de tomar una libra de carne sin derramar
una gota de sangre, decide que acepta la oferta de que le paguen el triple de
los ducados debidos y de que se ponga en “libertad al cristiano”. En ese
instante, Porcia, disfrazada del Joven Dr. Baltasar, manifiesta que tendrá el
hebreo completa justicia y se cumplirá el contrato, ante lo cual Shylock
manifiesta que ya no quiere nada, “que se quede con todo” y que por lo tanto se
va.
En ese momento Porcia manifiesta que aun así se deben cumplir las leyes.
Si algún extraño atenta por medios directos o indirectos contra la vida de un
veneciano, éste tiene derecho a la mitad de los bienes del reo, y el Estado a
la otra mitad. Así el Dux debe decidir sobre su vida porque Shylock, directa o
indirectamente, ha atentado contra la existencia de Antonio. Shylock pide perdón
al Dux y este le perdona la vida al judío aun antes de que este se lo pida; y
Antonio manifiesta que si el Dux y el Tribunal le dispensan del pago de la
mitad de su fortuna al erario, él le perdona la otra media, con dos
condiciones: la primera, que abjure de sus errores y se haga cristiano; y la
segunda, que por escritura firmada en esta misma audiencia, destituya herederos
de todo a su hija y a su yerno Lorenzo.
En esta vindicta pública, Shylock no solamente perdió su dinero sino que
también estuvo a punto de perder la vida, pero esta pena le fue indultada y
perdonada no solo por las condiciones impuestas por el mismo Dux, sino también
por las condiciones impuestas por el mercader Antonio, como la de abjurar de
sus errores y la de volverse cristiano, es decir, en esta decisión, el Dux
prácticamente aplica las reglas y las máximas del derecho canónico, la verdad,
la búsqueda de la verdad, la concepción del proceso como un intento de
aprehenderla y de reproducirla para, sobre tal refacción artificial, elaborar
una decisión final resolutoria.
El Mercader de Venecia plantea uno de los grandes interrogantes frente a
la definición de justicia, porque si se aplicamos la máxima de “Dar a cada cual
lo que se merece”; se podría estar cometiendo una injusticia, o como lo dijo
Voltaire “Una justicia llevada demasiado lejos puede convertirse en injusticia”.
La justicia quizá debería respaldar al prestamista, y si no lo hace es porque
está desprovisto de compasión, con justicia pero sin moral. Las personas deben
ser benéficas, la ley no, la ley debe ser justa, y en la escena del juicio se
observa que no lo es: independientemente del contenido legal, que no es real,
en un tribunal real a Antonio no lo habrían matado, y su muerte es tan
contraria a la razón y a la naturaleza, que hay que hacer algo aunque sea un
truco para salvarlo.
A Shylock lo ciega la venganza, se centra cada vez más en ella, y esto
lo pierde, no el apego al cumplimiento de contratos y compromisos. Es un
prestamista que no busca recuperar el dinero sino la garantía. Esto hace que en
realidad deje de ser un banquero que procura cobrar su dinero con un interés, y
se convierta en un usurero, porque busca apropiarse de un beneficio exagerado
(la vida de otro) y además económico, porque suprime a un competidor.
La idea de Shakespeare al escribir El Marcader de Venecia es poner en
evidencia la antigua máxima jurídica según la cual, un derecho innegable se
transforma en exasperante injusticia cuando llevado a sus límites extremos
invade la esfera de otros derechos. El tribunal procedió correctamente no
amparando al prestamista, pero se extralimitó y faltó a toda justicia,
condenándolo a renegar de su religión y convertirse al cristianismo. En el derecho
moderno, en materia de contratos, existen leyes que protegen contra la
implantación de intereses desproporcionados y del abuso de usureros que se
quieran hacer de la propiedad ajena mediante prácticas fraudulentas.
Referencias Bibliográficas
Castañeda, C. (2013). El
Mercader de Venecia. Análisis jurídico-literario.
Reyes,
Y. (1994). Acerca de la justicia en El Mercader de Venecia
Shakespeare, W. (1598). El Mercader de
Venecia.




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