En América Latina existen tres casos de dolarización: Panamá (1904), Ecuador (2000) y El Salvador (2001). Para muchos analistas la dolarización es un estado no natural de una sociedad. La conformación del sistema de precios, que nomina en dólares muchos productos, en especial aquellos de mayor valor, influye en este fenómeno y conlleva a la creencia que relaciona un precio en dólares con calidad.
Uno de los primeros beneficios de la dolarización es la generación de una inflación baja, ya que elimina la posibilidad de influencia política sobre el manejo monetario. También elimina el riesgo de devaluación y minimiza la variabilidad en las tasas de interés, lo cual proporcionaría al gobierno importantes instrumentos para articular políticas de crecimiento económico de manera sostenible.
Sin embargo, la experiencia de países dolarizados no es del todo satisfactoria en torno a la generación de crecimiento económico, ya que esta no garantiza disciplina fiscal, y la eliminación del riesgo cambiario tampoco elimina el riesgo de default o la alta volatilidad de los spreads de deuda soberana.
Esta situación se produce en primer lugar porque el país pierde dos instrumentos muy importantes: su política monetaria y la posibilidad de la utilización de su tasa de cambio (depreciación o apreciación) para contrarrestar los shocks que se producen en una economía como por ejemplo con la caída de los precios del petróleo y demás commodities.
Por otra parte, lo que es bueno para Estados Unidos no necesariamente es bueno para otros países. La Reserva Federal está en la obligación de definir sus políticas monetarias basándose en la situación y realidad de los EE.UU., sin importarle las de los países dolarizados. Adicionalmente una dolarización generaría una pérdida de competitividad relativa de las exportaciones del país ya que si no es capaz de una flexibilización financiera y laboral la consecuencia sería desempleo, una menor utilización de la capacidad instalada y posiblemente cierre de empresas.
Así la dolarización solo tendría sentido en los siguientes casos: (1) países con economías estrechamente ligadas a los EE.UU. y que por lo tanto experimenten shocks muy similares, (2) países con economía pequeñas en donde la mayoría de los precios son fijados en dólares y en la que la mayoría de los bienes se transan en el comercio internacional, (3) países con mercados laborales flexibles, y (4) países donde no se pueda confiar en que el banco central maneje su propia moneda.
En Venezuela solo cumpliría con el último y eso es algo que con voluntad política se puede remediar. Hay que tener presente que la dolarización es un instrumento muy estricto, en donde no hay oportunidad de ajustar el tipo de cambio real por medio de variaciones del tipo de cambio nominal. Por lo que, cuando ocurren choques externos inesperados, los ajustes deben efectuarse por vías internas tales como precios, costos internos, el nivel de la actividad económica y el empleo.
Considerando que los beneficios no están garantizados y que los costos en materia de capacidad para llevar a cabo ajustes macroeconómicos y financieros para el Estado son tan elevados, la dolarización de la economía nacional sería una medida contraproducente al menos en el momento actual.
Referencia Bibliográfica
Oliveros, A. (2014) ¿Hay que dolarizar la economía venezolana?



