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jueves, 1 de septiembre de 2016

Uganda

Uganda constituye un ejemplo muy claro sobre cómo crecimiento no significa desarrollo, y la constante relación de las dimensiones política y económica en el éxito de las políticas públicas. Pese a las medidas macroeconómicas adoptadas impuestas por el FMI de su recetario económico, que no niego sean aplicables exitosamente en algunos escenarios, el país sigue hundido en la pobreza con una pésima calidad de vida. ¿Cómo es que en un país que crece a un ritmo superior al 7% anual, solo un 14% de la población tiene acceso a la electricidad?   "Esto ha puesto de relieve la importancia de evitar el crecimiento sin empleo y es parte de la creciente conciencia en los círculos del desarrollo de la necesidad de crecimiento con equidad no sólo en Uganda, sino en todo el mundo en desarrollo".

Para algunos analistas, el éxito de Uganda pueden ser atribuidos a la desaceleración de su tasa de inflación, Aunque la inflación alcanzó las centenas en 1987, en años recientes, la tasa ha caído sustancialmente a un promedio de menos de 10% (y menos en la mayoría de las economías de la región). Estos resultados si demuestran la relación directa entre la mejoría del PIB y la disminución de la inflación.

Ciertamente, el lapso es muy corto, menos de dos décadas, desde que la relativa estabilidad política (Uganda está clasificado como país no libre) ha permitido que se puedan formular planes, pero los recientes descubrimientos de yacimientos petroleros cambiaran totalmente el panorama presente y futuro.  


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