(*) Ana Maraboli. Doctorando en Gerencia.
Teoría de las Expectativas
De acuerdo a Garnica, las expectativas constituyen un elemento primordial en el comportamiento económico de los individuos, reflejando cierto estado del conocimiento o grado de convicción sobre las consecuencias que implicaría la decisión de tomar una acción en particular, a la vez que, a través de ellas, se intenta prever el curso futuro de los acontecimientos en el ámbito económico. Estas a su vez son afectadas por la experiencia y por el conocimiento que tengan las unidades económicas sobre la teoría económica.
Teoría de las Expectativas
De acuerdo a Garnica, las expectativas constituyen un elemento primordial en el comportamiento económico de los individuos, reflejando cierto estado del conocimiento o grado de convicción sobre las consecuencias que implicaría la decisión de tomar una acción en particular, a la vez que, a través de ellas, se intenta prever el curso futuro de los acontecimientos en el ámbito económico. Estas a su vez son afectadas por la experiencia y por el conocimiento que tengan las unidades económicas sobre la teoría económica.
Según Lanzilotta, las expectativas fueron planteadas como categoría de análisis por Keynes (1936) asociadas a las decisiones de negocio, postulando que la ocupación de las empresas está asociada al estado actual de las expectativas y de las preexistentes en períodos previos. Más adelante, Muth en 1961, ejemplifica la interacción entre las percepciones sobre el futuro y la actividad económica a partir del conocido modelo de la telaraña.
En los setenta Lucas (1972, 1976) introduce la hipótesis de expectativas racionales, demostrando cómo opera analíticamente. La idea básica es que los agentes económicos forman las expectativas sobre las variables económicas utilizando el verdadero modelo que realmente las determina. La hipótesis de expectativas racionales es uno de los supuestos más comúnmente utilizados en la investigación macroeconómica (Taylor, 2000) y su aplicación tuvo consecuencias sumamente importantes para el análisis de la política económica.
Si bien representó un avance metodológico clave en el estudio de los problemas económicos en los cuales los agentes deben predecir variables, varios autores han cuestionado sus implicancias y expuesto sus limitaciones. Por ejemplo, los modelos basados en este supuesto dejan fuera del análisis el optimismo o el pesimismo injustificado como fuerza para la amplificación de las fluctuaciones agregadas. En consecuencia no explican algunos de los hechos más destacados que se observan en la macroeconomía como las grandes oscilaciones en los precios de los activos (burbujas), los ciclos de crédito, de inversión y otros mecanismos que contribuyen a la duración y la severidad de las contracciones económicas.
Ahora bien, tal como lo plantea este autor, la interacción entre los valores maro y micoeconómicos ha sido poco analizado en la literatura económica, llegando inclusive a estudiarse ambos aspectos por teorías diametralmente opuestas en un mismo contexto. Enfoques alternativos vinculados a disciplinas como la sicología ofrecen explicaciones a las anomalías no explicadas por los modelos basados en expectativas racionales.
Se basan en los conceptos de racionalidad limitada y de aprendizaje y se enmarcan en lo que se conoce como economía del comportamiento (Simon, Kahneman y Tversky, entre otros). Un elemento común a estas aproximaciones es el reconocimiento de la presencia de imperfecciones en la formación de expectativas con relación a los modelos de expectativas racionales. Estos enfoques enfatizan la capacidad cognitiva limitada de los humanos y así capturan las limitaciones inherentes en la internalización y procesamiento de la información. Es en este marco que se plantea la noción de aversión a la pérdida, que interpreta el comportamiento asimétrico de los agentes ante noticias o eventos de signo contrario, comportamiento no explicado por el supuesto de racionalidad económica de los agentes.
Economía, Complejidad y Expectativas
Toda esta información encuadra perfectamente en el análisis de la complejidad de la ciencia, paradigma emergente aplicable a todas las disciplinas del saber. En todos los libros de texto contemporáneos del área económica, se señala que la ciencia económica exige contar con teorías y modelos que expliquen el funcionamiento de los fenómenos económicos. Estas teorías permiten explicar las causas de ciertos acontecimientos o justificar la relación entre dos o más cosas, y proveen una estructura lógica para organizar y analizar datos económicos.
Para llevar a cabo estas tareas, las teorías están compuestas por un conjunto de definiciones y por una serie de supuestos e hipótesis sobre el comportamiento de las variables económicas. Los supuestos que integran las distintas teorías son proposiciones cuya validez se toma como dada y se introducen porque concretan los modos de conducta de los agentes económicos.
De allí que, el procedimiento normalmente seguido en el desarrollo de la investigación en Economía tiene tres fases: (a) en la primera se observa un fenómeno y se analiza la razón por la que puede existir una determinada relación (método inductivo); (b) en la segunda se formulan una serie de hipótesis y se desarrolla una teoría que intenta explicar el fenómeno observado (método deductivo); y (c) en la tercera se constatan o verifican las predicciones de la teoría confrontándolas con los datos (contrastación).
Al mismo tiempo, la investigación económica se enfrenta a la dificultad de realizar experimentos controlados con los agentes económicos, por lo cual es frecuente introducir la condición ceteris paribus en los modelos económicos. Esta condición consiste en suponer que todos las demás variables permanecen constantes, excepto la que se está estudiando.
En contraste con lo señalado anteriormente, algunos autores han enumerado distintas características que inducen a la consideración de la economía desde un punto de vista complejo. La ciencia económica en la complejidad reconoce la imposibilidad de objetividad, reivindica las particularidades, rescata la complejidad, entroniza el desorden y aclama la flecha del tiempo, puesto que los procesos económicos, como todas las prácticas humanas en sociedad, son de carácter complejo, multicausal y dinámico (Villanueva, 2012).
De esta forma, las implicaciones del estudio de la economía desde una perspectiva compleja abarcan revisiones en la teoría económica, la metodología económica y la política económica; todo ello conlleva al descarte de algunas teorías y a la revisión e inclusión de innovadores procedimientos en el área metodológica. Cabe señalar que la complejidad, abordada de esta manera, hace mención a la complejidad organizada más que al pensamiento complejo.
La visión del pensamiento complejo en Economía, obligaría a repensar la Economía en términos de Economía Política, y desde allí a Economía Política Compleja. Tal como lo señala Coq (2005), la revisión de los postulados epistemológicos de la economía permite una ordenación y una comparación de las diferentes corrientes teóricas existentes en su interior. Puede decirse que la disciplina económica, en realidad, se ha construido sobre la base de una disputa epistemológica.
Expectativas y la situación venezolana
Con respecto a lo señalado, en el contexto venezolano Salas (2016), plantea lo siguiente:
- La política económica debe ser coherente en todos sus áreas (cambiaria, monetaria, fiscal, etc.,) y sobre todo procurar que una no entorpezca a otra. Que en muchas ocasiones deba responder a las coyunturas sobrevenidas no anula lo anterior
- La política económica (y sobre todo en esta coyuntura) no puede ser pasiva ni reactiva sino activa y ofensiva. La política económica debe marcar la agenda económica de país, no lo contrario. Más que "desmontar" matrices (lo cual casi nunca se logra y más bien se ayuda a difundirlas) de lo que se trata es de posicionarlas.
- Debe tenerse una vocería económica única, preferiblemente en el vicepresidente del área o el vicepresidente de la República. En estos momentos no tenemos vocería económica oficial, pero además tenemos una serie de voceros económicos "oficiosos" (en especial diputados de la AN) que complican más que ayudar.
- La vocería económica debería acompañarse de una campaña comunicacional en materia económica que la refuerce, pero que además mande mensajes a la población que sirva para recuperar sus expectativas positivas sobre el país y el futuro sin por ello dejar de ser realista ni mentir. Esta campaña debe ser convocante y amplia, que no abandone a nuestros sectores más duros pero que busque interlocución con sectores medios y profesionales que se han visto beneficiados por las políticas del chavismo y luego la oposición los capta, al tiempo que nosotros les damos la espalda.
- Paralelo a dicha campaña debería tenerse otra dirigida exclusivamente a criticar y revelar las propuestas, planes y alianzas de la oposición y mostrar como todas sus propuestas apuntan contra la clase trabajadora y los sectores medios. En este sentido debe aprovecharse que ya no estaremos discutiendo el pasado (la Cuarta, los adecos, etc.) sino con amenazas reales al presente y futuro del país. La lucha entre los modelos es ahora en tiempo real.
- Evitar los falsos positivos de anuncios de medidas que no se anuncian finalmente atacando la confianza, autoridad y seriedad del gobierno.
- Debemos anticiparnos a los problemas, no esperar que nos revienten para ver cómo hacer con ellos.



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