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lunes, 25 de mayo de 2015

A propósito de Vendiendo Prosperidad



Krugman (2000),  en Vendiendo Prosperidad, distingue dos clases de economistas radicalmente distintos: los profesores y los vendedores de política económica, los cuales darán, por lo general, respuestas diferentes.

Los profesores de economía consiguen elevar su reputación académica publicando artículos en revistas científicas, de difícil lectura para el común de las personas porque están comúnmente escritos en un denso lenguaje matemático y un denso lenguaje categorial y técnico propio de su disciplina. El problema que tienen los profesores para los políticos no es su incapacidad para comunicarse, sino su incapacidad para decir lo que los políticos quieren (o necesitan) oír, sobre todo cuando están tratando de arrebatar el poder a otros políticos: “un profesor escribe para otros profesores. Si diera la casualidad de que escribiera para un público más amplio, independientemente de lo bien o sencillamente que escribiera, siempre tendría en mente la reacción de sus colegas, lo cual le impediría decir cosas que suenen bien.
El prestigio de un profesor puede elevarse desarrollando deslumbrantes ideas originales o presentando pruebas definitivas de cómo funciona realmente la economía, pero también un método más seguro es moverse en las teorías económicas más conocidas entre los profesores, “que tienden a ser las que mejor se prestan a una elaboración ingeniosa sin innovaciones fundamentalesvertiendo el viejo vino añejo en odres nuevos, normalmente con etiquetas matemáticas más elegantes”.

Los vendedores de políticas económicas, al igual que los profesores es un intelectual profesional. Puede provenir del mundo académico, o de institutos de creación de opinión pública, o de ambientes universitarios poco ortodoxos. También del periodismo o del derecho. Pero lo que distingue a los vendedores de política económica no es tanto su procedencia sino el lenguaje que utilizan y la audiencia a la que dirigen su discurso. Se dirigen a una audiencia más amplia sin las inhibiciones del profesor. Ofrecen diagnósticos inequívocos, dan respuestas fáciles, realizan predicciones económicas sobre lo que va a ocurrir en los próximos meses, escriben y venden libros para el público general, aparecen en los programas de televisión de las primeras horas de la mañana y en los programas de debates de las noches y de los fines de semana.

Resalta Krugman que los vendedores de política económica son extraordinariamente útiles para el político: “Constituyen una fuente de visiones que pueden transformar la percepción que tienen los votantes de sus intereses. Pero sobre todo, en una época de decepciones económicas, están dispuestos a sostener que saben cómo hacer que retorne la magia. (Análisis de Viloria, 2007)

Se trata de una visión tremendamente parcializada y radical del pensamiento económico que prácticamente desvirtúa cualquier idea que no provenga del área académica. Sin embargo y a pesar de estar inspirado en el contexto norteamericano de la época, no deja de tener validez para la Venezuela de hoy.

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