Krugman (2000), en Vendiendo Prosperidad, distingue dos clases
de economistas radicalmente distintos: los profesores y los vendedores
de política económica, los cuales darán,
por lo general, respuestas diferentes.
Los
profesores de economía consiguen elevar su reputación académica
publicando artículos en revistas científicas, de difícil lectura para el común
de las personas porque están comúnmente escritos en un denso lenguaje matemático y un denso lenguaje categorial y técnico propio de su disciplina. El
problema que tienen los profesores
para los políticos no es su incapacidad para comunicarse, sino su incapacidad
para decir lo que los políticos quieren (o necesitan) oír, sobre todo cuando
están tratando de arrebatar el poder a otros políticos: un profesor escribe para otros profesores.
Si diera la casualidad de que escribiera para un público más amplio,
independientemente de lo bien o sencillamente que escribiera, siempre tendría
en mente la reacción de sus colegas, lo cual le impediría decir cosas que
suenen bien.
El prestigio de un profesor puede elevarse desarrollando deslumbrantes ideas
originales o presentando pruebas definitivas de cómo funciona realmente la
economía, pero también un método más seguro es moverse en las teorías económicas más conocidas
entre los profesores, que tienden a ser las que mejor se prestan
a una elaboración ingeniosa sin
innovaciones fundamentales
vertiendo
el viejo vino añejo en odres nuevos, normalmente con etiquetas matemáticas más
elegantes.
Los
vendedores de políticas económicas, al igual que los profesores es un intelectual
profesional. Puede provenir del mundo académico, o de institutos de creación de
opinión pública, o de ambientes universitarios poco ortodoxos. También del
periodismo o del derecho. Pero lo que distingue a los vendedores de política económica no es tanto su procedencia sino
el lenguaje que utilizan y la audiencia a la que dirigen su discurso. Se
dirigen a una audiencia más amplia sin las inhibiciones del profesor. Ofrecen
diagnósticos inequívocos, dan respuestas fáciles, realizan predicciones
económicas sobre lo que va a ocurrir en los próximos meses, escriben y venden
libros para el público general, aparecen en los programas de televisión de las
primeras horas de la mañana y en los programas de debates de las noches y de
los fines de semana.
Resalta Krugman que los vendedores de política económica son
extraordinariamente útiles para el político: Constituyen una fuente de visiones que pueden transformar la
percepción que tienen los votantes de sus intereses. Pero sobre todo, en una
época de decepciones económicas, están dispuestos a sostener que saben cómo
hacer que retorne la magia. (Análisis de Viloria, 2007)
Se
trata de una visión tremendamente parcializada y radical del pensamiento
económico que prácticamente desvirtúa cualquier idea que no provenga del área académica.
Sin embargo y a pesar de estar inspirado en el contexto norteamericano de la época,
no deja de tener validez para la Venezuela de hoy.



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